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África Marruecos (2019) Viajes

Día 6. Merzouga Sahara – Lago Dayet Srji- campamento en Erg Chebbi.

Tenemos una mañana bastante relajada, así que nos levantamos sin prisas y desayunamos tranquilamente. Iremos al lago a ver flamencos y buscaremos unas postales y unos sellos para enviar. (Nota de Oruga: «Silvia eres muy pesada»). El desayuno de Ahmed no está mal pero no lo vamos a definir como el Ferrán Adriá del Sahara…

Nuestros estómagos ya van notando el paso de los días y sobre todo las pesadas comidas marroquíes, sin hablar de los aceites y las especias. Empezamos a echar de menos comidas más ligeras y menos especiadas.

Más o menos con la ruta clara, recogemos a Hasam que ha pasado la noche a buen resguardo y que, a pesar del calor que hace ya, (unos 34º y son las 9:30h) está bastante fresquito.

Merzouga fue uno de los principales oasis donde las caravanas se detenían para abastecerse de suministros antes de abordar el tramo más difícil del cruce del desierto. Así que no es raro que haya agua y tampoco es raro que haya casi de todo (casi).

El lago que visitaremos es el Dayet Srij, por lo que había leído es un lago salado, pero por lo que dijo ayer Ahmed hoy veremos agua porque hace unas semanas llovió muchísimo, tanto que se inundó parte del pueblo y la carretera, dejando atrapados coches y autobuses y llevándose consigo la vida de algunos habitantes. ☹️

Dicho esto: ¿salado o dulce? Pues ahí lo dejo que no tengo internet para verificarlo…

La forma de llegar a Dayet Srji, es atravesando pistas que salen de la carretera. Casi cualquier pista vale. Casi. Si somos nosotros, la primera no vale, tendrás que elegir otra.

Hasam es un guapete, pero no es un gran coche y las pistas son eso, pistas. Hechas por dromedarios o todoterrenos en la arena y piedras (negras) del desierto. Así que Hasam va dando con los bajos y hay zonas en las que no vemos claro que vayamos a salir.

Nos damos la vuelta. No queremos tener que empujar el coche a 40º ni tener que volver andando al pueblo.

Mis pucheros y yo conseguimos que Oru busque una ruta alternativa, así que tras dos vueltas de reconocimiento elegimos otra pista que parece más transitable. ¡Y lo es!

Más despacio que una persecución de Walking Dead atravesamos el tramo de la carretera al lago cediendo el paso a los dignos dromedarios que pastan a sus anchas las secas hierbas.

La verdad es que son muy monos, y todo lo contrario que con las vacas o con los caballitos, no me dan miedo, así que nos llevamos unas cuántas fotos de sus caras de desinterés maximo.

La zona de parking del lago es aquí mismo. Cerca unos dromedarios nos vigilarán el coche. Parece que hay otra pareja al fondo, así que estamos bastante a nuestra bola. ¡Oye pues no! Oruga tiene ese don con el que se nace y de la nada acaba de aparecer un Sr. Bereber que se ofrece a enseñarle su dromedario, a sacarle una foto con él y a prestarle sus prismáticos.

Yo le dejo hacer y sigo caminando. No es que no le apoye psicológicamente, pero es que Oruga siempre me cuesta mucho dinero en todos los viajes así que si pringa en soledad, como el dinero lo llevo yo, pringa menos. 😬

El lago es zona de avistaniento de aves; deberíamos poder ver flamencos, currucas de desierto, halcones y algún tipo más. Por mi parte debería saber distinguir al menos a los flamencos. Pues casi ni eso, a primera vista no los veo rosas, así que decido que son garzas saharianas, si es que eso existe. Y hasta aquí mi sabiduría sobre aves.

Ha llegado Oru con los prismáticos prestados, (además de pie de atleta en las mejillas ¡también podremos llevarnos una conjuntivitis si hay suerte!) y con ellos ya certificamos que son flamencos. De las currucas, ni rastro. O vete tú a saber porque son como una especie de gorrión. Y los halcones durmiendo.

Se nos han acercado unos alemanes y discretamente nos han pedido los prismáticos, pero llevan con ellos 15min. Hombre, no hace falta recrearse, que tenéis tanta idea de aves como yo. ¡Pero todo sea por compartir conjuntivitis! 😬

Los lagartos, las serpientes, los erizos y los zorros del desierto están tomando el té y tampoco hay ni rastro. Pero yo lo agradezco. No me veo capacitada para arrancarle la cabeza a la serpiente y andar chupandole el veneno a Oruga de la pierna y escupiéndolo como en las pelis. Se nos olvidó hacer el curso de primeros auxilios para países con desierto y no hay cobertura para andar mirándolo en Youtube.

Le doy la propina a Oruga para que se la dé a su nuevo colega y tras un intercambio de rumios con un dromedario Hasam nos lleva de vuelta a la carretera.

Justo al lado del puesto de la policía se encuentra la oficina de correos. Allí paramos para para comprar los sellos. (0,90€ selló a Europa).

La oficina de correos es una oficina para todo, que hace las veces de banco, oficina de cambio y correos. Oru no está muy convencido, pero me mantengo firme a pesar del grupo de 15 personas que tenemos delante agitando sus billetes de 50€ para cambiar ¡Cambia más hombre, que lo vas a necesitar!

También está la fila de marroquíes que esperan aburridos en la parte derecha para sacar dinero y recargar el móvil (o al menos eso parece).

Se ven paquetes encima de la mesa que el hombre tiene detrás y hay carteles de paquetería, así que algo de correos es. ¡Y yo quiero mis sellos!

Al fin nos toca. A la petición de «timbre pour l’Espagne«, el hombre me cala a la primera, algo que no entiendo porque mi francés es espectacular, y nos responde en un casi perfecto español.

Solo tiene tres sellos, pero yo me animo al ver la facilidad para pedirlos y comprarlos. Me dice que nos trae el resto en un segundo.

Nos apartamos a un lado, pero es nuestro turno, y por lo visto no se va a atender a nadie hasta que yo no tenga todos mis sellos. Esto si que es atención personalizada.

Detrás nuestro se va montando una fila importante y Oru se está poniendo un poco nervioso. Yo también, pero es que hoy nos ha tocado ser esos tocacojones que no acaban nunca y cuando te toca ese papel, también hay que desempeñarlo bien. 😎

Díez interminables minutos después llegan nuestros sellos y toda la cola respira tranquila. Vale, ¡solo faltan las postales! 😂

Nos vamos al centro del pueblo en busca de las postales, pero no parece el mis pueblo que ayer. Bueno la verdad es que todos los pueblos parecen igual; cuatro calles mal asfaltadas, en el mejor de los casos y cuatrocientos millones de tiendas todas con los mismos artículos. Que no digo yo que no haya mucha artesanía, pero lo que sí que hay son fábricas en las afueras donde fabrican un montón de cosas en cadena que luego reparten por todos los pueblos. Todo, para que si solo vas a uno de los sitios, pienses que te has llevado un artículo único.

Aparcamos a Hassan y nos bajamos del coche en busca de una de esas tiendas de artículos únicos para comprar las postales.
No hay ninguna. ¿Dónde están las tiendas que vimos ayer?

Preguntamos en un kiosco de esos pequeños que no sabes muy bien lo que vende. ¡Lo mismo te venden pan, tabaco, agua, que un lagarto!

El chico nos dice que tenemos que ir al centro. Anda coño, por eso no parecía el mismo pueblo, ¡porque no estamos en el! 😂

Nos pregunta amablemente si hablamos inglés y le decimos que sí. Vale, parece que él no porque se ha agobiado para darnos las explicaciones. No te preocupes buen hombre, entiendo perfectamente esa sensación. En cambio nos dice que si le seguimos con el coche nos lleva al centro del pueblo porque está lejos y el va para allí en un momento.

Hasam le sigue a una distancia prucencial y cierto, acabamos en la plaza del pueblo gracias al chico y aparcamos a Hasam. Ahora nuestra meta es encontrar unas postales para sentarnos mientras tomamos algo fresquito, escribirlas y poder echarlas mañana.

Entramos en la primera tienda que encontramos. Un chico de unos 20 años se pone súper contento; piensa que va a hacer el agosto. Pobre… Le pedimos las postales, nos mira con los ojos muy abiertos y rebusca en el fondo del fondo del fondo de una esquina de la tienda. Desempolva unas 20 postales y nos las tiende en el suelo para que elijamos. Es de risa, porque hay tres modelos diferentes, así que prácticamente todas las que nos llevamos son iguales. Al llegar la hora de paga, ya pienso en el temido regateo, y una vez más me lío con el cambio (y mira que es fácil). Oru se ríe en mi cara, y pasamos de regatear nada. 3€ por las postales que llevamos nos parece un precio más que justo. ¡Iba a regatear 30 céntimos por postal!

Vemos la decepción en su cara. Si no hay regateo, es que no hay más cosas que comprar… 😔

El chaval nos saca pantalones hippies, pasmimas, chilabas… Finalmente Oru le pregunta por una tetera. «Solo por curiosidad” le dice, y yo me veo que dormimos allí en vez de en el desierto.

Salimos de allí con nuestras postales solamente. Como ya he dicho, hasta ahora esta gente es educada y nada pesada, así que el chico se ha quedado con carita de pena, pero nada más.

Enfrente hay un bar: Ténéré. Da la sombra y hay mesas libres así que nos vale para escribir las postales y tomar algo.

Escrita la tercera postal no ha salido nadie aún, así que cogemos la mochila y cruzamos al bar de enfrente y en menos de un minuto tenemos dos Coca Colas fresquitas y sin hielo, claro. ¡Así si!

Estamos planeando el resto de nuestros días y charlando un rato despreocupadamente. A veces se nos olvida el control de idiomas que tiene esta gente, y aunque no decimos nada incorrecto es cierto que creemos que tenemos más intimidad de la que realmente tenemos.

Un chico en la mesa de atrás nos pregunta qué de donde somos. Le contestamos y seguimos con lo nuestro. Él insiste un poco así que le damos algún dato más para que sepa que ya tenemos concertado el “pack guiri” para esta tarde y que vamos en coche y así cerrar todos los flancos y no entrar en ninguna negociación sobre rutas, guías, visitas o alquileres.

Finalmente acabamos hablando, se cambia de sitio y se sienta en la mesa de al lado. Es guía, habla perfectamente español y por ahora no nos vende nada. La conversación va cambiando, así que nos vamos relajando. Si nos va a vender algo, lo está haciendo muy bien. Por ahora ha conseguido que Oruga se relaje y ya está hablando a taco suelto opinando abiertamente. Yo estoy más relajada, pero sigo atenta. Me cae bien, pero aunque me gustaría creerme lo de la hospitalidad beréber al 100% ya tengo 38 años y lo del desinterés puro me cuesta un poco más. 😬

De repente son las 14h y no nos hemos dado ni cuenta, Soufyen, nuestro nuevo colega nos pide el número de teléfono y nos despedimos. La verdad es que ha sido muy majo y esto con dos cervezas y acabamos en el karaoke del Sahara fijo. 😂

Preparamos cuatro cosas para irnos al desierto. Oru ha pensado mejor lo del dromedario y va a ir en dromedario y volver en coche. Yo iré y volveré en coche. No veo la necesidad de que el animalejo cargue con mi culo gordo hasta el campamento ni que mañana mi espalda esté hecha una mierda y me estropee el viaje. Y esos son mis dos motivos.

Según nos contó Ahmed, los dromedarios son tratados “bastante” bien, aunque “hay tontos en todos los sitios y siempre hay gente que maltrata”. El caso es que yo los veo como a los pobres ponis de la feria, no me parece vida digna y no me gusta. Por otro lado, también nos dijo que los coches, motos y quads hacen mucho daño a la vida animal del desierto. Así que no sabes nunca cómo acertar.

A las 17h nos recoge un todoterreno para ir al aeropuerto de camellos como ellos lo llaman. Oruga no podrá ir en dromedario, porque no lo ha dicho con tiempo, pero podrá volver si quiere mañana por la mañana.

El aeropuerto de camellos es la entrada al desierto donde esperan los camellos a los guiris. Allí se reúnen los todoterrenos con las provisiones y los guías para reírse amparados por el pañuelo que les cubre la boca de la arena de todos nosotros por la pinta que llevamos. Estoy convencida de que si existiera una opción que fuera ponerte pañuelo a lo bereber, montarte en camello, dar una vuelta a la duna y hacerte 3.456 fotos, bajarte y montarte en un coche que te lleve al campamento, la gente elegiría esta opción. Pero no es así, y las opciones que hay son:

  1. Ir en dromedario una hora más o menos hasta el campamento, té, vista del atardecer, cena, música, baile, estrellas y ver amanecer.
  2. Ir en 4×4 diez minutos más o menos hasta el campamento, té, vista del atardecer, cena, música, baile, estrellas y ver amanecer.

Ambas 35€ por persona para un grupo pequeño como nosotros, con Jaima no compartida. O para grupos más grandes con Jaima compartida 30€ por persona por lo que hemos podido oír.

Si en 4×4 tardamos 10 minutos en llegar, quiere decir que el campamento está a tiro de piedra. Vaya que cuatro dunas más allá del aeropuerto de camellos, está el campamento.

Antes de partir en el coche vemos montar al resto de grupos en sus dromedarios. Todos, absolutamente todos, llevan el turbante a lo bereber. No sabemos si es obligatorio, pero queda cuando menos raro. Veo mucho outfit para el desierto sacado seguramente de algún número añejo del «¡Hola!» de la abuela.

Somos casi los más viejos del total de 35 personas que componen el grupo. Y eso no mola. No por ser los más viejos, sino porque estoy viendo el viaje de finde curso con el que nos va a tocar lidiar esta noche y una ya está mayor para esto.

Los dromedarios salen a paso lento entre fotos para instagram y gritos de miedo nervioso. Los más machotes van rectos en sus dromedarios, sin grititos. Pero la postura del “empalado” les delata.

Unas 10 tiendas grandes forman el campamento haciendo una gran “U”. Son blancas y están comunicadas por el
Medio con grandes alfombras que facilitan caminar por la arena. Todo está dispuesto para la llegada de la sesión de turistas de hoy.

El fuego está en su sitio. Los bajos taburetes apilados en espera de la música. La Jaima para la cena ventilándose y el olor al té y a la comida cocinándose ya se nota en el ambiente.

Me alegra ver nada más llegar a dos perretes tumbados en las alfombras del campamento jugando despreocupados. Parecen dos cachorrotes bien cuidados. Nuestro conductor les saluda con unos mimos, ¡Yuhu! ¡Gente normal! 😬

En el coche iba una mujer chilena con nosotros y pasamos el rato tomando el té con ella mientras llegan el resto de grupos. Aquellos jovenazos bien vestidos, sonrientes y dignos que salieron del aeropuerto de dromedarios han llegado siendo la versión mejorada de las chicas de oro. El que no viene escocido, viene con la espalda hecha polvo y el que no, se ha bajado a los 10 minutos y viene muerto porque ha venido andando por las dunas. La otra trae un dolor de culo que no cree que se vuelva a sentar en dos dias… Y así el desfile freak show va llegando…

Los guías sacan las maletas. Vale que algunos vengan desde Marrakech en excursión de 5 días, ¡pero en esos maletones traen familiares y amigos! A continuación ubican a la gente. Parece que esto les va a llevar mucho rato, porque los amiguísimos que se hacen en el dromedario son para siempre, y los guías hacen lo imposible para que los superamiguis cuadren y puedan dormir a su gusto.

Somos los únicos que no tenemos un guía mega divertido y animado, asi que los trabajadores del campamento se van turnando para interesarse por nosotros y que no estemos solos. Algo así como jugar con el gordo de la clase para que no se sienta solo. 🤷🏼‍♀️

Se agradece, pero como cada vez se acerca uno diferente, ¡tenemos la misma conversacion unas 8 veces!

Ya hemos identificado más o menos a todos los grupos y tenemos los machos alfas, las hembras alfa, los satélites y demás faunas de todo grupo ubicadas. Es un estudio antropológico en toda regla. Y parece que vamos a necesitar varios cuadernos de notas si seguimos así.

Dejamos a los grupos con sus guías para irnos a ver atardecer. Y allí sentados en lo alto de una duna, en silencio, vemos esconderse el sol embobados con los tonos que nos regala semejante espectáculo.

¿He dicho silencio? ¿Si? Ah si, porque Oru y yo estábamos en silencio. ¡Quien no lo estaba era la jodida puta gallega de los cojones con el acento más marcado que he escuchado en años (recordad que trabajo con gallegos todos los días) a la que no quieren en su casa y que necesita que constantemente le estén haciendo caso y alabando sus estupideces de niñata de mierda!

Pues eso, que no se quedó ronca la jodida, y eso que no se calló la boca en toda la tarde/noche/mañana.

Habló de sí misma en tercera persona hasta la saciedad. En ese momento eché de menos las serpientes del desierto, no que le picaran, pero sí que la ahogaran lentamente abrazando su cuello hasta dejarla muda.

Oyes que curioso lo bien que se oye todo en el desierto. Podría pensarse que las dunas amortiguan el sonido, pero no. Se oye todo te pongas donde te pongas. Si no hubiera sido por ese pequeño detalle, el atardecer, precioso.

Como ya he dicho había dos opciones, y a excepción del primer punto lo demás era igual. E íbamos a seguir este cronograma tal cual.

Cronograma: la cena.

En la jaima común nos han dispuesto la cena. Las mesas están montadas, un grupo de 8, otro de 12, otro de 8, otro de 6 y una mesa de 8 con dos platos solo: los nuestros.
Uy, eso no mola mucho. Si vienes sin colegas, te vas sin colegas… Cuando estuvimos en Wadi Rum la cena era comunal en una jaima, todos sentados en grupo, lo que facilita la integración. Bueno pues cenaremos solitos, rodeados de gente…

¡Anda! ¡Que el macho alfa del grupo de los brasileños es imbecil! Porque, ¿quién no va al desierto a pasar una noche al estilo bereber y se lleva un altavoz y pone la música de su móvil a toda pastilla en una jaima con otras 34 personas más? Pues ya tenemos dos; la Caballet gallega y el Trapeiro. Seguimos para el bingo hacia el respeto. La cena, excesiva, es bastante mala. La prometida pizza beréber (que es cierto que no nos prometieron, pero hemos leído 50 sitios que han pasado la noche en el desierto y en todos han comido la pizza) la deben estar comiendo en otro campamento.

La parte buena: he cenado bastante ligero, al menos en cantidad. Oru no, le daba vergüenza no comerse lo que habían puesto. Luego en casa no le pongas acelgas que ni las huele, pero aquí si ha zampado un muslo de pollo que no ha conocido la ternura.

Dejamos al aprendiz de Rosalía con su musicón y nos vamos a ver las estrellas a una duna. Si hay suerte desde allí no se oirá a la gente del campamento.

Cronograma: música

Veinte minutos después estamos de vuelta, ha llegado el grupo de “negros”, los gnawa.

Unos 5 hombres vestidos de blanco de arriba abajo, cantan y tocan una música rítmica y repetitiva, con una especie de castañuelas metálicas grandes y tambores.

Bailan, bueno más bien se mueven a la vez, se agachan y levantan. Parece siempre la misma canción. Supongo que no lo es, pero lo parece.

Esta es la tribu que decía ayer Ahmed y que no fuimos a ver. Pues han venido ellos. Los brasileños han venido como si el país musulman fuera el suyo y por fin viajaran fuera a un sitio donde pudieran beber. Han cenado con vino y cerveza, y ha salido de su jaima ya una botella de ron, una de whisky y una de vodka. Supongo que aún no tienen muy claro lo que les gusta…

Cronograma: baile

Pues a bailar. Nosotros no lo sabíamos, pero por lo visto habia que traer aprendido un baile como si estuvieras en Mojave, puesto de ayahuasca y en 1972.

Yo bailo hasta la música de los botoncitos del móvil, pero no. No era el día, no era la música y no era la compañía…

Intercalan música marroquí con tambores y guitarra. Esta es más suave, pero enseguida vuelve la tribu, para que no decaiga y no te relajes. Los guías y los chascos del campamento sacan fuerzas y salen a representar su flashmob. El resto a seguirlos…

Es el momento “Primavera Sound”. Tú has has pagado por algo que te han contado que mola. Vas a bailar como te han dicho que se hace, no vas a escuchar el ritmo que hay de fondo, pero traes un baile preparado y ensayado que has visto en YouTube que mola mil. Tu atuendo es el idóneo. De hecho te has cambiado; en el dromedario traías uno y ahora bailas con otro diferente.

Todo es ideal, tus fotos lo son y tus amigos hacen lo mismo. El tímido se mueve a tu lado como un palitroque sin ritmo; no sabe muy bien que hace, pero le da vergüenza hacerlo, y no hacerlo también. Tu satélite lo hace; porque tu satélite hace siempre lo mismo que tu. Y así cada uno con su papel, el que cada uno tenemos en la vida, pero ahora se desarrolla delante de un fuego. Nada puede salir mal, es una historia genial para contar a la vuelta. Para adornar a la vuelta.

Lo único, los dos putos viejos del fondo. Esos dos imbeciles (nosotros) serían los únicos que podrían darse cuenta de todo lo falso que es este montaje.

Desde el campamento, la aparente energía y felicidad de los guías, el dromedario de tres dunas, hasta el baile. Pero qué más da. Nadie se creería que frente a miles de blog hablando maravillas de la experiencia en el desierto, ellos contarán que es un postureo y una representación de Port Aventura.

Cronograma: ver estrellas

Nosotros adelantamos el cronograma personal para mirar estrellas. Llevábamos una hora más o menos cuando llegó la hora oficial en la que tocaba mirar al cielo.

Hay luna, así que se ven un montón de estrellas, pero la noche es muy clara, y por ahora el cielo del desierto de USA gana por goleada a cualquier cielo visto hasta hoy. La fiesta se ha acabado pronto abajo en el campamento. Es lo que pasa cuando las cosa se hacen sin ganas… ¡Que se acaban pronto! 😝

Oru dice haber visto como tres o cuatro estrellas fugaces pero yo no le creo porque no he visto ninguna. Hace un frío importante así que con nuestra ropita térmica os decimos hasta mañana.

Información práctica.

  • Tour Noche en el Desierto: 35€ por persona.

Fotos.

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