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Europa Rumanía (2016) Viajes

Día 11. La fea Cluj, el Corvin Castle y la bella Sibiu

Llevamos una hora buscando aparcamiento en Cluj. No aparcamiento gratuito, no. Eso era al principio. Ahora lo que queremos es poder bajarnos del coche y ver la ciudad. Pero no hay forma, ni a pie de calle ni subterráneos, esto es un infierno y a cada paso que damos nos vamos desencantando más y más.

Yo empiezo a echar el mismo vapor que el Tren de Mocovita y Oru tiene los ojos inyectados en sangre, una tan turbia que ni Dracula la querría. Aún no hay café, ni nada para desayunar.

Ya ayer cuando llegamos a Cluj no nos gustó nada. El extraradio es feo, sucio y no parece una cuidad o pueblo rumano de los que hemos visto hasta ahora.
Pero ilusionados nos convencimos de que tendría más encanto al entrar en el casco viejo.
Digo más porque hasta ahora solamente hemos leído que es una ciudad de estudiantes donde puedes dormir, comer y beber barato.
Que a mí con esos datos en el día a día me tienes conquistada desde el segundo 1, pero para venir a conocerte estando de vacaciones, como que no.
Ya estamos en las afueras, ¿y sabes qué? Que te den Cluj. Hasta aquí ha llegado nuestra frustración. Yo quiero volver a los maizales, las ovejas, los campos verdes con riachuelos y los campamentos de gitanos.
Aquí te quedas con tu suciedad, tus bares, tus alojamientos baratos y lo que sea que guardes en tus rincones secretos (a lo mejor son los parkings… 🤔).
Paramos en medio de la nada para tomar un café y una tortilla a la rumana (queso y salchichas) y decidimos hacer nuestro camino relajado, disfrutando del paisaje de «un sitio muy, muy lejano», hasta llegar a Corvin Castle.

El Castillo de Corvino es nuestro destino intermedio antes de llegar a Sibiu.
Y nos pilla de paso si desviamos nuestra ruta «un poquito». Pero es que en la guía pone que en el castillo por 10 RON te dejan ponerte vestidos de época; nosotras de doncella y ellos de caballero y claro os podéis imaginar lo pesadica que me he puesto, ¿no?

El castillo es un castillo en condiciones, con su foso, su puente y sus torreones. Vamos como a Disney y a mí nos gustan.
La entrada cuesta 5 RON, así que no te vas a sentir estafado cuando veas que por dentro está prácticamente vacío y las «moderneces» como la luz o las tuberías del agua no muy bien escondidas (están además pintadas de amarillo).

Eso sí el castillo guarda toda su esencia, o al menos toda la que yo le concedo que tenga. Las habitaciones por la que te lleva la ruta señalizada muestran en algunos casos objetos de lo que representa la habitación, en otros casos simplemente está vacía. Pero puedes recorrerte el castillo de principio a fin poniendo cuidado en las piedras naturales (las de la montañita sobre la que está construido) que forman el desigual suelo y los pasajes o puentecillos construidos con posterioridad que dejan mucha de tu seguridad al azar.

Frente a la parte posterior del castillo hay varias gradas, y yo he decidido que aquí hacen una imitación en pequeño de las Justas Medievales de Hospital de Órbigo (¡si no habéis ido aún, deberíais!). El escenario se presta a ello, pero el espacio es un poco pequeño. Nunca lo sabremos, porque las explicaciones de la guía, internet y las propias del castillo (solo en rumano, alemán e inglés.. yo creo que solo nos tienen en consideración por el AVE cobre del AVE, pero no creo que sepan que existimos más allá de eso. Sino, ¡pondrían algún triste cartel en cristiano!) se centran únicamente en el dueño del castillo y sus tres mujeres. No hay nada de historias truculentas, muertes sospechosas, leyendas amorosas ni nada que nos llame la más mínima atención.

Esta noche reflexionaremos sobre eso, y quizá mañana tengamos una historia estupenda llena de emociones para ellos que pueda completar la historia de «tuve tres mujeres, no mate a ninguna ni pasó nada raro y ahora tengo muchas tierras».

A lo que vamos, ¿veis alguna foto nuestra embutidos en polvorientos trajes medievales o en imitaciones chusqueras del carrefour? A ¿que no? Pues eso es porque lo de los trajes es un bulo (o han dejado de hacerlo) y así a lo loco juegan con la ilusión de las niñas (de 35 años un poco joviales). ¡Así no, Don Corvino, así no!

Ya es tardecito y Oru tiene un terrible dolor de cabeza. La migraña ha llegado y a pesar de los pastillazos, amenaza con quedarse.
El pobre no mejora y llevamos ya una hora y media allí parados, respirando, comiendo azúcar, tumbados en el coche… (Hablo en plural, porque aunque a mí no me doliera me encanta el dulce y las siestas, ¡así que compartimos!)

El pobre está agobiado porque no se le pasa, así que hay que tomar una decisión radical:

Opción 1: Dormimos en este sitio sin nada más que ofrecernos.
Opción 2: Conduzco yo hasta Sibiu.

De todos es conocida mi habilidad para conducir, lo mucho que me gusta y lo poquito que me estresa. Y más si hablamos de carreteras llenas de parches, de camiones y de adelantamientos poco recomendados.
Bueno, ¡allá vamos!

Me encomiendo a Todos Los Santos y acompañada del despojo de copiloto que tengo ahora mismo iniciamos la ruta hasta Sibiu.
La buena noticia: Hay una autovia que nos dejara recorrer una gran parte del camino (si estuviera acabada nos llevaría hasta Sibiu, pero me he adelantado y no les ha dado tiempo).

Esta vez es mi copiloto el que va agarrado con uñas y dientes al salpicadero mientras yo peleo con camiones, imbeciles y demás fauna.
Pero mira tú qué bien, que pasado el estrés de atropellar algún perrito (los humanos me dan un poco más igual porque tienen más maldad) aquí estamos aparcados y todo delante de la Pensiunea Ela a 10min del centro de Sibiu.

Ela nos recibe en la puerta amablemente, esta vez ella no necesita de nadie para atendernos. Habla un perfecto inglés y eso con la cabezota de Oruga tal y como está nos facilita las cosas.
Su casa es una casa de estilo sajón. De esas que hemos visto durante todo el viaje, pero que no hemos podido conocer por dentro.
Esta reformada y es muy bonita. La construcción está formada por tres partes muy bien diferenciadas.
La casa principal, que es donde vive Ela, y en este caso está a la izquierda nada más atravesar el gran portalón de madera.
Las habitaciones del fondo, que es una casa anexa y que sospecho que era en tiempos el lugar que ocupaba la cuadra y el patio.
El patio distribuye las otras zonas, el suelo es de piedra y está adornado de Rosales y enredaderas. Al fondo, frente a la casa-cuadra, una pequeña terraza de madera techada invita, si no hiciera tanto frío, a sentarte con tus amigos a tomar una cervecita.
Y así es como me gustaría que estuviera la casa de Astorga (otro gran sitio para conocer y donde comer) de mi mami. Habrá que esperar a que nos toque la lotería mami.

Nosotros hemos elegido una de las habitaciones superiores, que están justo encima de casa de Ela. Ela muy amable nos acompaña y nos enseña cómo cerrar la puerta. No es complicado, yo puedo hacerlo sola, pero es tan maja que la dejaría que me contara como abrir el grifo solo por no interrumpirla.

Oru responde incongruencias a los comentarios de Ela, así que decidí dejarle arriba y bajar a arreglar cuentas con ella. Si en vez de ser Oruga hubiera sido yo la medio lela, seguro que ella hubiera llamado a la poli pensando que me llevaba drogada por la fuerza. 😜
Tengo suerte, y puedo ver la casa principal por dentro. Al entrar dudo si quitarme los zapatos o no, debería haberlo hecho. Aquí es un signo de respeto pero me dió el agobio ese de si o no que te da a veces y al final decidí entrar a la cocina, donde ella me indicaba.

Hasta donde puedo ver la casa es igual que la de David el Gnomo. Consta de una planta con cocina, salón, baño y por la distribución tendrá un par de habitaciones. Es de madera y de decoración rustico-rumana. No puedo decir si es bonita o fea por culpa de las figuritas de «jadró» (el primo falso de Lladró) y otras decoraciones similares. Lo que si puedo asegurar es que es acogedora.

Recupero a Oru y dice que quiere salir a tomar el aire y a cenar algo. Con el rollo del castillo y la migraña aún no hemos comido y son las 21h. Yo creo que ya es hora de cenar.

Sibiu es la segunda ciudad (quizá fuera la primera si no hubiéramos pillado los coches de choque, el martillo, el tren de la bruja y el saltamontes montados en la plaza Grande) más bonita de todo Rumanía. Primero Sighisoara y luego Sibiu. (Brasov está sobrevalorada, repito)

Paseamos por sus dormidas calles vacías de coches y casi de gente hasta que nuestros cuerpos helados no podian más. Es preciosa en la noche, de cuento. Y casi me da miedo adentrarme mañana en ella de día por si pierde parte de su encanto.
Oru va recuperando y como no está la cosa para vueltas miro en TripAdvisor un restaurante. ¡Error!

Error no porque Max no sea un sitio estupendo y su comida este muy buena (Max no está mal, pero barato tampoco es), sino porque todos los españoles de la cuidad hemos hecho lo mismo. Y claro estamos cenando a hora española.

Caminando sin miedo por las tenues calles de Sibiu llegamos a la pensión.
¡Buenas noches! 😘😘

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