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Europa Rumanía (2016) Viajes

Día 10. El tren de vapor de Mocanita, más Cárpatos y Cluj la fea. 

El día está tontorrón hoy. Aún no llueve pero esta gris y unas nubes negruzcas amenazan con ducharnos a medio camino. No hemos tenido que salir con 5h de antelación como cada vez que vamos a coger algún medio de transporte. No entiendo que le pasa a Oru, ¿se le habrá olvidado que es un histérico? 😋

A las 8:30h en punto ya tenemos un cafe calentito en la mano y asiento en el segundo vagón de segunda del tren. El primer vagón es de madera entero, por dentro y por fuera parece totalmente de principios de Siglo. El Segundo, el nuestro, es también de madera por dentro y con asientos de madera estrechos e incómodos. 
Ambos sin calefacción pero con una estufa de carbón o leña en el interior. Agradezco bastante que a pesar del frío que hace no enciendan la estufa en un vagón prácticamente entero de madera… Llamadme alarmista si queréis!

(Por cierto, si lo cogeis alguna vez es mejor ir en el de 4 que en el de dos) 

Los otros dos vagones son de primera, las ventanas son más amplias, lo asientos algo más anchos y parece que también más cómodos, pero la gente va igual de helada que nosotros. 😑

Como ya tenemos todo lo necesario para que Oruga este tranqui y yo ya he hecho pipi 3 veces (se que no es necesaria esta información, pero son los nervios…) podemos ir a la pequeña ventanilla que hay al lado del cuarto de venta de billetes y que huele a fritanga, para comprar vete tú a saber qué, pero seguro que lleva queso. 😜
No tenemos personalidad, así que a pesar de llevar unos bocatas y fruta acabamos comprando una especie de empanadillas grandes rellenas de queso. (3x10lei) y nos montamos en el tren. 

Con el típico silbido de los trenes que salen por la tele y un grito en rumano que yo interpreto como «pasajeros al tren» comenzamos nuestra andanza por la vía estrecha y a 20km/h. 
Este es un tren turístico, y es lo que hay. Por lo visto hay otra línea que es la que funciona todo el año llueve, nieve o truene, que es en la que van los currantes de las madereras. 
Esta si es la verdadera «único tren de vapor forestal» que aún queda en Europa. 

Este tren sale como a las 5 de la mañana y solo permite su acceso a los no currantes si al revisor le viene a bien. 

A golpe de palinca y otras bebidas espirituosas los trabajadores de la madera se van uniendo en las diferentes estaciones del corazón de los Carpatos para ir a trabajar. 

Montan los troncos en los vagones de mercancías y recorren el mismo camino de vuelta con muchos trabajadores sentados sobre los troncos (en invierno pueden estar hasta a -25ºC) vigilando que estos no se suelten y que el tren vaya regulando la velocidad (claroooo va tan rápido!) para no dejarse ni troncos ni pasajeros en el camino. 

Flipando me quedo de que esta forma de trabajo y el medio de transporte aún no hayan evolucionado en esta zona de Europa. 

La opción del tren forestal «real» no se anuncia, así que a los simples mortales nos dan solo la opción turística.

Nuestro tren es de esos que dibujaria un niño de 6 años. Bueno en realidad yo cuando tenía 6 años, porque supongo que las generaciones venideras ya dibujaran un AVE o un Alvia. 
Una vez pasamos el corto trozo de casas desperdigadas, nos adentramos en los bosques pasando muy cerca de las piedras de las montañas que nos acompañan a la derecha. Las ramas de los pinos ni nos rozan, pero aún así parece que están muy cerca, casi como si el tren fuera por el medio de las rocas y el bosque. 

Avanzamos despacio y a trompicones, y a pesar del frío, aquello te ralentiza y te deja tontico mirando por la ventana. Yo por mi parte busco osos. Es el sitio, o al menos debería serlo. Y con la lentitud del tren se me permite ver la multitud de cuevas que taladran la montaña. Pero no hay osos. Normal está lloviendo. 

En el lado izquierdo el paisaje es totalmente diferente. Avanzamos con el río helado que nos duplica en velocidad, los bosques, la montaña y los improvisados puentes hechos con un tronco resbaladizo y cuatro tablones nos siguen acompañando, pero a este lado están un poco más lejos y todo es como si viajaras en 1905. 
La primera parada no tarda en llegar. ¿Para que? Pues porque es el tren turístico y así podemos hacer fotos. 
Paramos en un apeadero de madera, un poco más grande que una caseta. Ese que supongo que en algún momento estuvo lleno de gente esperando el tren cargados de maletas de cuero sin ruedas. 

La gente sube y baja sin miedo y cruza el tren por delante y por detrás para hacer fotos. 

El paisaje se sucede y los Carpatos más salvajes van apareciendo ante nuestros ojos, los Carpatos si, de los osos ni rastro. 😕

Mientras miro por la ventanilla, de esas de bajar con fuerza que ya no se estilan, miro en las curvas la máquina echando vapor y recuerdo cuando hacia lo mismo (sin vapor yo ya nací con las eléctricas 😜) cuando iba a Astorga cada fin de semana mientras mi madre me decía que metiera las manos, que no sacará la cabeza… básicamente que me sentara de una vez y dejara de dar por saco. 
Han pasado muchos años, pero la ilusión de ver la máquina en cada curva es la misma. 

Aún pararemos un par de veces más antes de llegar a nuestro destino: Paltin, recorriendo el Valle del Vaser en las montañas de Maramures. 
Al bajar en nuestra estación de destino la gente corre a sentarse de nuevo al frío gélido, pero esta vez en bancos y mesas. Oruga y yo aún tenemos la empanadilla atravesada en la garganta. Estaba buena, pero es taaaaan densa que creo que mañana aún estaré ensalivándola para el primer bolo. 
Como lo mejor es moverse vamos siguiendo por las vías al tren ya vacío que se ha escondido tras la curva. 

Parecemos los de «cuenta conmigo» (recomendable película de los 80’s) caminando lentamente por la vía. Al fondo están haciendo maniobras y nosotros vídeos nuestros haciendo el mongolo porque ya se nos ha terminado el camino para hacer. 

De repente algo sale de los matorrales, joder que susto!!! Nos habíamos hecho popó pensando que era un oso, y solo era un hombreton que venía de hacer precisamente eso. 

Adelantados por el tren llegamos a la estación y allí siguen nuestros compañeros de viaje y los de otro viaje diferente. 

Tras cumplir con nuestra rutina de alimentar perretes tomamos lo que ellos llaman chocolate. Que es cola cao con agua caliente (literal, lo vimos hacer).

Suena música popular rumana, y las abuelillas se van animando, primero un pie, después el otro y finalmente el desmelene! Una de ellas sube a una especie de tarima y se lleva a una acompañante. Pocos minutos después unas 11 mujeres y el maquinista bailan los grandes hits de ayer. Solo de ayer, nada de hoy! 😊

Aquello está súper animado y seguimos acompañando a las señoras en su baile (ya que no nos animamos a salir) hasta la hora de volver. 

Se me hace raro ver un maquinista con su gorrilla y su camisa de maquinistas ajadas por el paso del tiempo. Se me hace raro ver con que facilidad puedo transportarme a épocas desconocidas y muy lejanas en las que nunca he vivido…
La vuelta transcurre con menos emoción que la ida, pero yo cabezona sigo buscando osos mientras Oru va leyendo y echando un vistazo de vez en cuando por encima de las cabezas que miran pensativas por la ventana. 
En la estación de Viseu de Sus (cuando ponen «de sus» o «de jos» es como decir Villarriba y Villaabajo) los viajeros alimentan a los perros hambrientos de la estación. Vale, yo ya estoy tranquila, ya no queda ningún animalejo sin comer hoy. 
En la cola del baño veo otra pareja conjuntada más. No sé qué pasa en Rumanía pero la moda de ir en pareja vestidos igual, con la camiseta de ella que pone: «tengo el mejor novio del mundo» y la de el con una de «tengo la mejor novia del mundo» se está convirtiendo en algo preocupante. 
Yo por si es un signo de que se quieren más que Oru y yo en cuanto llegue a España pienso tirar toda sU ropa y cómprale nueva y más bonita que conjunte con la mía. 
Seguramente también me abra un instagram para mostrárselo al mundo y así viviremos felices con nuestras miradas de lánguidas y nuestras ropas a conjunto. Fin. 😝

Son las tres y deberíamos recoger a Patricio e irnos. Decido no gritarle: «¡Parecéis gilipollas!» a la pareja conjuntada y nos ponemos en marcha hacia Cluj.
La carretera de hoy nos promete llevarnos por la zona más rural y auténtica de Rumanía. 
Y vaya si lo hace. La promesa está cumplida 100%. 

En Rumanía en mucha de las zonas rurales tienen internet y smartphones, pero no electricidad o agua corriente. (¿Como cargan los móviles? ¿Donde enchufan el router?)

En la entrada de las casas tienen una pequeña caseta con forma de pagoda de madera donde está el pozo y al final de la casa la caseta de agujero en el suelo que tan conquistada me tiene y que cumple su función de WC. 

La gente va en bici al igual que en el resto de los pueblos de Rumanía, pero la vestimenta cambia en esta zona. Los hombres igual, como si la moda no les afectara (qué raro, no? 😝), pero las mujeres más mayores usan falda larga y un montón de ropa, como Heidi. En la cabeza que no falte el pañuelo. Los colores son vivos y el chandal casi no hace su aparición en esta zona. Solo lanas y telas de aspecto pesado, pero también caliente.
Es curioso porque no sabría distinguir a las mujeres de 40 de las de 60. El sol y las capas de ropa no te dan muchas pistas sobre la edad real de estos pueblos.
Hombres y mujeres mayores (ya sabéis entre 40 y 90) caminan por la carretera o las pequeñas aceras acompañados por un perro y cargando pesados útiles de labranza. Creo que aquí el tema de la jubilación está aún peor que en España.
También es normal ver «el paseo de la vaca» como nosotros le llamamos. Y como no somos muy rebuscados el nombre habla de lo que es: 
Un paisano/a paseando su vaca por la carretera cogida por una cuerda. Supongo que no tendrán tierras y las llevan a pastar a algún sitio. También es común encontrar en estas zonas rurales vacas pastando a la puerta de una casa, entre la carretera y la puerta de casa… si ellas están contentas, yo ni «muuu». 😜

Ya es casi de noche cuando llegamos a Cluj, hemos parado a sacar dinero y vamos buscando alojamiento para esta noche.
Por ahora Cluj no nos gusta nada, es grande, sucio y ruidoso.

Bueno mañana descubriremos el centro, que seguro que es lo más bonito. 
Nos alojamos en la Pension Mora, que aunque no está muy alejada, no está en el centro. Tampoco está muy bien de precio y nos ha costado que la calefacción funcione, así que ahora que estoy escribiendo, ¡vaya mierda de elección que hemos hecho!
Lo bueno es que la habitación es occidental y todo es como muy aséptico. Por buscarle lo mejor, vaya. Que hemos estado muy a gusto en las pensiones con colchas de dudoso gusto. 
A la vuelta un piii. Piiii. Piiii. Se empieza a oír en la habitación, no sabemos si viene del baño o de dónde, nos volvemos locos buscando y finalmente descubrimos que el detector de humos es extra sensible y que huele mi humo que llega desde la terraza o incluso el de la planta de abajo de las personas que han bajado a fumar. 
Menos mal que dura poco y que no somos muchos los fumadores, porque ya me veía pegándole con un martillo como en Friends hasta que se callara. 
Tras 10min de conversación de besugos de esas que tenemos tan a menudo las parejas, en modo «lo que tú quieras a mí me da igual» conseguimos averiguar qué no nos apetece salir a cenar, así que me acerco a la recepción para que la chica me ayude a pedir por teléfono. Prueba superada y la comida viene de Cuenca traída por un cojo descalzo, tardará una hora o más. ¡Bueno pues es lo que hay! 
A la vuelta me fijo en que tienen los medios, pero aún tienen muchas carencias en temas de seguridad, por ejemplo. 
Y en este caso es desastroso. La llave de la habitación lleva otra más pequeña eléctrica que tienes que acercar a la verja para que se abra la puerta pequeña de acceso y puedas abrir la verja del garaje que está a continuación, para entrar a lo que sería el patio. 
El hombre al llegar me lo explico cómo el que intenta pacientemente explicar la teoría de la relatividad a un niño de 5 años. Que hubiera sido de nosotros sin está cuidada explicación… 
Pues que probablemente hubiera metido la mano por la verja para abrir el cerrojo del parking o si sólo quiero usar la puerta de personas meter la mano por la verja y accionar la manilla, que es lo que hice por no sacar las llaves. Mucha llave mucha leche, ¡pon una verja sin barrotes copon!

Tanto chandal les condiciona el razonamiento. 

¡Buenas noches!

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