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Rumanía (2016) Viajes

Día 8. Monasterios de Bucovina y Maramures.

Creo que no he dicho que Casa Vero está a tomar por richi, es un sitio preciso y yo creo que está más limpio aún que las anteriores pensiones. Aquí don limpio tendría que jubilarse porque el algodón no le serviría de nada para hacerse el «guay».

Lo malo es que ayer había luna llena y un montón de nubes cuando salí de noche a fumarme un cigarro en albornoz, (porque yo tengo este glamour nato) casi me hago cacotas del miedito. Las luces se apagan a las 20:30h, porque supongo que es la hora de la hoguera. La luna aparecía tímida entre las nubes como esperando al hombre lobo, y los perros vecinos ladraban descontrolados a la «nada».

Así que cuando sigilosamente apareció el vecino que subía a su habitación solo me falto darle un cabezazo. Se salió un grito ahogado y comencé a correr valientemente en sentido contrario, hacia las escaleras…

Estoy segura de que en una situación extrema cualquiera querría estar acompañado por mi, por esa sensación de seguridad que irradio.

Suerte que YouTube ha dotado a los jóvenes de un don infinito para no sorprenderse por nada y el chavalote ni se inmutó por verme correr y luego desearle las buenas noches cuando me di cuenta de que si era un asesino en serie me mataría a través de una app, porque no despego su mirada del móvil.

Total que sin rastro de hombres lobo ni vampiros buenorros amanecimos escuchando el kikiriki de las gallinas.
Hoy desayunamos en la terraza de la habitación de Casa Vero, mientras yo preparo el desayuno, Oru revisa la ruta de hoy.

Los hombres que ayer hicieron una hoguera y se hincharon a copazos (y no nos invitaron) siguen allí como si no hubieran dormido, y puede ser.

La verdad es que daba un poco de envidia verles ayer allí con sus colegas, pero luego piensas que el pan de cada fin de semana es este si más opciones y ya no gusta tanto.

Como ayer salimos encantados de los monasterios hoy nos animamos a ver el monasterio de Moldovita a unos 35km.

Los frescos cubren su fachada sur, pero esta vez con predomina el color amarillo. Nosotros no lo tenemos claro, porque vemos mucho azul, pero si lo dice D. Lonely y los folletos de la entrada no diremos que no..

Aquí las escenas más grandes son un árbol de Jessé y el asedio a Constantinopla, pero como la guía no las describe y hay mucha gente en el medio no nos gustó tanto como el de Voronet.
Además aquí no le dejaron a Oruga ningún pareo, y eso que ya traía preparado «amante bandido para la ocasión».

Nuestros monumentos de hoy se han acabado y la intención es ver paisajes y conducir hasta Maramures por la carretera 17.
Hemos elegido esta, porque la partirnos la espalda con una guadaña ya estaba pillado.
En serio, ¿Qué os pasa con las carreteras? ¿Por qué odiáis a la gente? ¿Y como sois capaces de hacer semejantes socavones? ¿Os tiráis toda la noche venga a lanzar bolos contra el suelo?

Como iba diciendo, la carretera nos lleva por toda la montaña, que como hasta ahora guarda pequeños ríos y casas ancladas en el pasado amis.

Esta zona está bastante habitada por gitanos, a los que hemos visto acampados en pequeños campos, acompañados por hogueras y los típicos carros de gitanos de feria antiguos. Un espectáculo la verdad.
Los asentamientos que no tenían carros habían formado su campamento con tiendas de campaña altas cubiertas de plástico (tiene que hacer un frío por la noche que flipas) y con una manta por puerta.

Las mujeres en el río o cocinando y los hombres cortando leña.
La verdad es que no tengo ni idea si aún siguen siendo nómadas, pero es curioso verlo. Desde el coche eso sí, que no sé si son amistosos o como los de Almanjáyar… 😏

Oruga está un poco cansado y quiere comer, dejaremos la comida «casera de C&O» para la noche y comeremos calentito.
Aún no lo sabemos, pero Marco tardó menos en encontrar a su madre que nosotros en conseguir un sitio para comer que reúna las tres «B».

Finalmente encontramos una Pensiunea con el cártel de comidas así que entramos por el caminito.

La pensiunea también es un camping y tiene servicio de camas. Hasta aquí todo normal y el caminito verde con un montón de «cosas curiosas» repartidas por el césped también.
Aparcamos donde nos indica uno de los perritos de la casa, justo delante de un gran caserón en restauración que parece vacío y apuntalado por dentro.

Mientras saludo a mi nueva amiga, que me sigue moviendo el rabito como una loca, nos recibe Norman Bates. Un hombre ni joven ni viejo, pero cascado, con los ojos claros y algo encorvado.

Le preguntamos si podemos comer, ni papa de Ingles, ni Español, ni Italiano (con el que me manejo de lujo… 😜) así que el idioma de signos nos ayuda y seguimos a Norman hasta el porche de una casa. Allí hay dos mesas una a cada lado de la puerta, nos sentamos en la que tiene mantel.

Y sospecho que este hombre no tiene visitas muy a menudo, o al menos no de personas…
Le pregunto por el servicio, esta vez sin gestos, que he aprendido lo básico de rumano para no resultar soez.

Al entrar en la casa una gran mesa de madera antigua preside el salón. Está montada para que coman varias personas y la decoración es medieval. Las copas son de plata o al menos de metal y la vajilla es antigua.
El resto de lo que alcanzo a ver de la casa está lleno de antigüedades y curiosidades, no puedo entretenerme demasiado porque el hombre viene a mi lado.

Me guía al baño; Un enorme baño no muy limpio, pero lleno de botes de champú, geles y todo lo que uno suele tener en su casita.
Además de esto hay una lavadora antigua, de esas en las que pasabas la ropa por un rodillo, y la puerta se mantiene abierta con una plancha de hierro que tengo que apartar para entrar.

Al salir echo otro vistazo rápido, el hombre está afanado haciendo algo en la cocina, una de esas económicas, grande y bonita. Espero que no esté despellejando ningún humano para la comida…

Cuando salgo Oruga está mosca, el hombre no ha traído el menú, le digo que está cocinando y todo apunta a que comeremos, pero lo que él nos ponga… Al poco Norman nos trae pan y mantequilla casera para untar en el pan, pero ni rastro de algo para beber. Oru está ya de los cohetes y se quiere ir. Yo no, me gusta el sitio y el gatito blanco que juega con la tira de mi mochila, la perrita marrón que me da con el hocico para que le de algo de pan y el cachorro mestizo de patas gorditas que intenta jugar con todos y al que tengo que alejar un par de veces del pobre gatito porque sus ansias de jugar le llevan a mover al gatito enganchandolo por la cabeza.
Un hombre con semejantes animales de compañía cuidados, cariñosos y confiados no puede ser malo. Aunque a primera vista parezca que diseca murciélagos en el sótano!

Yo sigo entretenida con mis amigos mientras Oru está en modo de «me enfado y no respiro».
Para alegrarle aún más la estancia el hombrecillo llega con día cuencos enormes de sopa. Tiene muy buena pinta, huele muy bien y más casera y más rumana no puede ser. Qué pena la falta de comunicación…
La sopa lleva un montón de zanahoria, cebolla, albóndigas pequeñitas de carne y el caldo, y está realmente buena. Oru sigue en modo yo quiero poder pedir lo que como mezclado con Mafalda, A mi no me gusta la sopa!!

A mí me da un poco de cosita cuando se lleva el cuenco de Oru sin estrenar, pero bueno.
El segundo llega a los pocos minutos y resulta ser carne con patatas fritas caseras (hechas de esas que solo las mamis saben hacer) y una salsa marrón por encima.
Oru no quiere probarla por si nos está envenenando para matarnos, o peor aún; robarnos nuestros iPhones!!! 😂

Finalmente le digo que la pruebe porque está buenísimo, no sé que lleva, pero distingo pimienta y vino en la salsa, y la carne se deshace en la boca. ¡Es lo que tiene la carne humana que la dejas macerar en leche y está blandita, blandita!! 😏

No hemos bebido, pero hemos comido súper bien y súper rico y la sorpresa llega cuando voy a pagar la cuenta… 35Ron, unos 8€ los dos. Angélico con lo bueno que está ya podías cobrarnos un poco más no?

Antes de montar otra vez en Patricio echo un vistazo por la casa contigua y el jardín. Tiene mil cosas antiguas esparcidas, no tiradas, colocadas con gusto. Este sitio cuando acaben la casa grande va a ser espectacular!!

Me despido de todos mis amiguitos nuevos, que me han pillado cariño, a lo mejor el ratito de alimento, los mimos y proteger al pobre gatito blanco de las embestidas para jugar del cachorro de patotas enormes han tenido algo que ver, el caso es que nos despiden hasta la salida y continuamos con nuestra ruta entre campos verdes, casas de madera, pequeños ríos y campamentos de gitanos.
Vamos escuchando unos podcast de «miedo» de los de antes Chicho Ibáñez Serrador. No dan mucho miedo, pero nos van entreteniendo.

Entre carreteras de amantes del patchwork y bosques con casas de brujas llegamos a Viseu de Sus, donde haremos una excursión en el último tren de vapor de Europa.

Nos dirigimos a la estación para comprar los billetes para el día siguiente y ¡oh! ¡Sorpresa! Hoy cambian el horario y mañana lunes no hay tren, tendremos que esperar al martes.

Joder Murphy a veces te ensañas, ¿eh?

Esto nos trastoca los planes así que nos vamos tras ver las máquinas allí paradas y la antigua estación de tren que bien podría ser el escenario abandonado de una película western. Tenemos que mirar si queremos y podemos quedarnos un día más e irnos el martes en el tren, porque la excursión pinta muy bien y así será un día de descanso de conducción.

A petición de Oru hoy nos hemos cogido un súper hotel, está cansadete el pobre, todo el tema de Norman Bates le ha dejado exhausto 😝.

El hotel Mirage (46€) es un hotel enorme con forma de casa alpina. En verano tiene que estar lleno hasta los topes porque tiene una piscina bastante grande fuera, una mediana con trampolín, una salada y un charquito para los niños, además de dos restaurantes. Pero no es verano, así que no somos muchos los que ahora nos alojamos aquí. Mientras hacemos el check-in vemos que dan masajes por menos de 14€ (60lei) una hora. Me lo pido! Y Oru también que está muy cansado y necesita una buena paliza para reavivar!
Tenemos los masajes en una hora, primero yo y después Oruga.
La masajista es pequeñita pero te da una paliza que te deja listo.

Caminando entre nubes cerramos el restaurante del hotel (con carne a la brasa y bien de precio 95leis) hablando de política utópica.

¡Hasta mañana gente!

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