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Rumanía (2016)

Día 7. Lacul Rosu, Bicaz y los monasterios de Bucovina

Hoy desayunaremos con nuestros amigos «los felices» porque nos hemos levantado un pelin más tarde de lo esperado y es más rápido o eso creemos que nos hagan el desayuno mientras marcamos los puntos de nuestra ruta de hoy.

El camarero es diferente y parece mucho más simpático que sus compañeros de ayer. Así que comparando las cartas en rumano y en inglés consigo pedir un par de tortillas, una cola zero y un café con leche.

Es más majo, pero peor cocinero porque nuestras tortillas se parecen más a huecos revueltos que a otra cosa, cuesta saber lo que hay debajo, porque la capa de queso es importante. ¡Pero está muy rica que es lo importante!

Como somos masocas vamos a ir a nuestro tercer lago del viaje. Esta vez hemos investigado las fotos y parece que es natural, así que pa’llà vamos.

Prácticamente desde nuestra salida del pueblo la carretera, aunque asfaltada, es una sucesión de parches y socavones. ¡Conducción y masaje de culo 2×1!

El Lacul Rosu es pequeño pero no está vallado, lo cual ya es un avance respecto a sus predecesores. Como la mitad del lago está plagado de árboles cortados sumergidos en el agua, en muchos casos a penas sobre sale una parte del tronco, en otros una tercera parte de un árbol mediano.

Creemos que esto era bosque y simplemente se sumergió a causa del agua que forma el lago. Sencillo y común. Seguro que hay otras explicaciones pero como mis queridos amiguites solo ponen los carteles en rumano y en otro idioma que no reconozco, pues nos comemos los mocos con nuestras teorías de chichinabo.

El tema del rojo falla un poco, pero bueno será que aquí me he convertido en hombre y solo veo en 16 colores.
El nombre del lago le viene dado por el color del agua, ya que un grupo de turistas murió aplastado aquí y su sangre cayó al lago tiñéndolo de rojo. O los turistas eran toda la población de China o tenían mucha más sangre que lo normal.
El caso es que el color no ha llegado a nuestros días, pero como leyenda no está mal, al menos no incluye una princesa y un plebeyo que se enamoran…

En la parte central del lago se pueden alquilar barcas de remos a un precio de 20 RON por pareja, y si llevas carabina 25RON.
Y este parece ser la actividad de sábado para los autóctonos.
No parece que el lago se pueda recorrer y el punto de información está cerrado, así que me dedico a perseguir libélulas con la esperanza de que mi objetivo pille alguna desprevenida. Pero no es así. ;(

Rodeando la parte central del lago se encuentran las mayores atracciones de la zona:
El hinchable de «Picky Mouse» y un saltador de esos en los que te ponen un arnés enganchado a unas gomas, para niños.

Un poco más adelante unas yayas nos dan envidia, se van zampando un helado tipo italiano con muy buena pinta. Así que vamos en busca de uno para nosotros, ¡la envidia nos guía!
Helado en mano cotilleamos la cantidad de comida que fabrican en los puestos aledaños, toda comida rumana y la mitad o más va rellena, cubierta o impregnada en algo con queso.

Los rumanos son los vascos de Europa; comen como si nunca más fueran a comer. Los platos son abundantes y sobre todo, contundentes.
Supongo que están pensados para hacer unos trabajos, que ninguno de nosotros simples viajeros está realizando.

Tras recoger a Patricio continuaremos por las gargantas del Bicaz.
Las gargantas del Bicaz la recorre una carretera de curvas imposibles, pero con un asfaltado muy bueno y poco tráfico.
Las gargantas Del Río Bicaz son una especie de «hoces» bastante estrecha, de paredes altas a un lado serpenteando el río al otro.
Esta carretera discurre por debajo de las llamadas rocas que sobresalen en el llamado cuello del infierno, que no tengo ni idea de cómo son porque desde aquí abajo no se ve nada de ná! ;(

Hacemos parada para admirar el paisaje que nos ofrece la garganta, está un poco oscuro y eso que el día es claro y aún es por la mañana. Las opciones de parada no son muy claras ni abundantes, así que lo hacemos como podemos en uno de los pocos ensanches de la carretera reservado para tal uso.
Una vez hemos cerrado la boca y continuamos nuestro camino nos damos cuenta de que como 1km más allá han montado a ambos lados de la carretera unos puestos de souvenirs. ¡Preciosos! ¡Quedan preciosos ahí en el medio de esta belleza! ¡Qué ojo! Que forma tan buena de mejorar el paisaje… 😡

La gente que no está comprando ha aparcado como ha podido el coche y camina peligrosamente despreocupados por el lateral (o no, depende de lo que el palo de selfie pueda alargar) de la carretera, obligando a los coches a esquivarlos en zonas en las que la visibilidad es muy pero que muy reducida. Bueno, ¿quien dijo miedo? Ya pararan, ¿no?

El paisaje es precioso, parece que estás atravesando dos mundos.

La hora de comer se acerca y al fin llegamos a la presa Baraj. Paramos y desde allí arriba observamos a los hombres que pescan en pequeñas barcas de remos y como se cruzan con pequeñas pedaleras. Que en comparación van echando leches.

Bordeamos la presa para acercarnos a la parte que hace las veces de «lago». Aquí desde luego es ver una charca y ponerle un puesto de alquiler de barcas ¡qué ansia de remo tienen!

Estamos en la parte alta de la carretera allí un merendero nos espera, y como vistas:
La verde falda salpicada de casas de madera y los montículos para guardar la hierba que acompañan a cada casa.
Un perrete nos acompaña, mueve la cola al vernos. ¡Ya me cae bien! Nos hacemos amigos enseguida, así que en vez de ponerme a preparar comida para dos lo hago para dos y medio, porque echo mucho de menos a Lucas (sobre todo cuando hay grades prados, es decir todo el tiempo, donde Lucas podría hacer la croqueta y embadurnarse de cualquier mierda, como a él le gusta) y porque siempre me dan penita los perros abandonados y acabo alimentándolos como buena leonesa que soy, a la que no le gusta que nadie pase hambre! 😝

Unos minutos después de haber empezado a comer dos coches aparcan al lado de patricio y como si del «¿Qué apostamos?» Se tratará comienza a salir gente con comida en la mano.

Todos nos saludan y un chico de unos 30 años nos desea buena comida.
Cada poco nos mira, y yo creo que siente la misma pena que yo por el perrito.
Nuestra comida es una mierda comparada con la cantidad de platos caseros y ensaladas que empiezan a destapar. Tienen más comida en la mesa que en la boda roja de Juego de Tronos.

El chico nos pregunta si queremos y muy sonrientes le decimos que no. Creo que no conciben que no queramos y además el chico tiene complejo de madre de Oruga, así que sin preguntar nos pone dos vasitos de plástico y nos pone licor de cerezas casero dentro mientras nos dice que es casero y que lleva «un poquito» de alcohol.

El orujo está tremendo, pero lo de poquito… ¡si me prendo el aliento consigo el papel de dragón cuatro de la Khalessi, chavalote!

Después de un rato admirando el paisaje y mientras mi colega el perrete, que ya ha comido y bebido agüita, está tumbado al sol, recogemos las cositas para irnos. Pero el treintañero-madre no está dispuesto a dejarnos ir sin antes darnos un par de cebollas rojas típicas de Transilvania, un trozo de pan con tocino casero y un trozo de pimiento rojo.
¡Increíble! No se si se puede ser más amable, ¡pero a mí me dan ganas de abrazarle!

Aquí en Rumanía sobre todo en la zona rural tanto hombres como mujeres son bastante grandotes, así que supongo que nos vio «desnutridos» y le dimos penita.

Muy contentos con nuestras cebollas y demás continuamos por la carretera del infierno. Ahora sí que si, las 17B y las 177A son las peores carreteras del mundo! Creo que si te fijas bien puedes ver a través de sus boquetes El Centro de la tierra, y si no se ve, puedes contar los años que tiene esta por la cantidad de parches, como si fueran los anillos de un árbol.

El paraje, de ensueño como siempre, pero desde luego a Oru hoy le convalidan primero de piloto de rallies.

Adelantando carros y sonriendo a autóctonos llegamos a Bistrita en el Distrito de Neamt y finalmente al distrito de Suceava, donde vimos pasar el tren más corto que he visto hasta ahora: locomotora y dos vagones.

Hoy veremos uno de los monasterios pintados de Bucovina. Esta ruta de monasterios es famosa por sus frescos exteriores que cubrían la totalidad de la construcción y que fueron pintados después de la construcción de estos, en los S. XV y XVI.

Las pinturas se realizaron en la parte exterior para que durante los ataques otomanos los habitantes del pueblo que se refugiaban dentro de los muros de los monasterios pudieran interpretar los dibujos, ya que prácticamente toda la población era analfabeta.
Nosotros empezamos por el monasterio de Voronet. (5 RON/pers.)

Comprar la entrada se complica, porque aquí que a los señores mayores les gusta especialmente plantarse en el medio y molestar un montón, este es como su parque de atracciones. Ya que el lugar para comprar la entrada y la tienda de souvenirs es el mismo y todo situado en una caseta de apenas 2x2m. Así que pueden estar en medio y molestar a la vez, ¡esta en el Top Ten de viajes del IMSERSO!

Detrás del mostrador una monja con una especie de cazoleta en la cabeza mira impasible a los abueletes que quieren tocar más que comprar, de repente nuestras miradas se cruzan y con una sonrisota que no sé de dónde sale me tiende las dos entradas. ¡Gracias monji!

Oru me espera en la entrada del monasterio y cuando le alcanzo le encuentro poniéndose un pareo de flores de falda. Yo ya ni pregunto, este hombre cada día es más raro. 🙄

A la gente que lleva pantalones cortos le prestan un pareo para que se muestren respetuosos dentro. A mí me parece bien porque las pantorrillas de Oru hacen girar cabezas allí donde van y… ¡eso despista de la fe!

Este monasterio es famoso por lo bien conservados que están sus frescos, donde predomina el color azul (Azul Voronet es el nuevo color que tenéis que añadir a vuestra paleta de colores hombres del mundo!).
La verdad es que es súper curioso e impresiona bastante. De las 4 paredes que tiene el muro, 3 de ellas están prácticamente intactas y se reconocen perfectamente las figuras y colores. La cuarta, la norte, está casi blanca por culpa de la erosión del aire y el agua.

Oru y yo atraídos por la explicación de la guía nos situamos en le extremo del monasterio y desde el banco que hay enfrente vamos reconociendo las imágenes del Juicio final que nos narra la guía. (Genial por cierto, D. Lonely Planet).

Como dato curioso y algo que seguirá viéndose en el resto de imágenes de los monasterios pintados, los malos siempre son moros. 😱

A la salida nos hemos dado una vuelta por los puestecitos que hay al lado del monasterio, allí una mujer hila hilo a mano para luego hacer calcetines y bufandas, que aunque tienen pinta de picar un montón no deja de ser curioso. ¡Eso sí que es un handmade desde cero!

Nuestro alojamiento de hoy será Casa Vero, lo ha elegido Oru y creo que no hay ninguno más alejado del mundo…

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