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África Madagascar (2015) Viajes

Día 15. Parque Nacional de Isalo – Tulear

A las 6:30, como viene siendo habitual, suena el despertador. Hemos quedado con nuestro guía a las 07:30 para poder ir muy tranquilos por el parque y no pasar calor. Como en las otras visitas haremos una ruta de mañana de unas 4 horas. 

Tras empaquetar todo otra vez incluyendo la colada que habíamos hecho la pasada noche, llegamos al restaurante del hotel para tomar un nutritivo desayuno a base de café, té y tortilla. 

A la hora acordada, Joce y nuestro guía aparecen en el restaurante. Desde que hemos llegado a Tana, aquello del «Mora, Mora» ha sido únicamente en los restaurantes y por supuesto el taxi brouisse. Lo que ha sido guías y visitas, más bien ha sido al revés y han tenido que esperarnos más bien ellos a que terminásemos de desayunar o de comer. Esta vez no iba a ser menos. 

Tras el desayuno y dejar todas las cosas ya dentro del coche para la vuelta, Joce nos acerca a todos a la entrada del parque unos 2kms camino abajo. A partir de allí, comienza nuestra ruta a pie. 

En la entrada t durante los primeros pasos, el guía nos va explicando las diferentes especies animales y extensión del parque. Aquí podemos ver por supuesto camaleones y serpientes, sobre todo en época de lluvias y como no, lemures: sifaka (el blanco con cara negra), el maki (de cola anillada) y el lemur marron. Los tres en un solo parque. 

El parque está formado por un macizo rocoso que aparece en plena llanura y que entre sus montañas de roca genera un cañón por el que discurre un río a 200 metros de profundidad. En época de lluvias el río llega a tener 4 metros de profundidad  pero ahora es más bien un riachuelo lo que nos permite poder hacer la ruta por el mismo cañón. 

Llegamos hasta la zona de camping donde en los alrededores es más fácil ver lemures pero al parecer el que se encarga de ponerlos en los árboles se ha quedado dormido porque allí no hay nada de nada salvo algunos pájaros que nuestro guía no indica que son endémicos. También nos enseña un mapa con las distintas rutas y la que haremos nosotros hoy. Primero subiremos a la cima del macizo y desde allí bajaremos hacia el cañón para poder ver las piscinas naturales azul y negra así como las distintas cascadas. 

Comenzamos por un camino bien señalizado que va ascendiendo lentamente aunque con algún pequeño tramo un poco más empinado hasta que llegamos a una cascada, la cascada de la sirena donde el guía nos cuenta la leyenda de que allí habitaba una sirena que salía a cantar por las noches, aunque como nos reconocía lo más lógico sería llamarle la cascada de la rana, pues la cascada estaba habitada por cientos de ranas que cada noche, sobre todo en la época de lluvias donde había un auténtico concierto. 

Desde allí continuamos subiendo a través de escaleras cavadas en la misma piedra. Con un poco de esfuerzo llegamos hasta la cima desde donde podemos ver la extensa pradera a sus pies y el resto de picos que se levantan en el macizo. 

Nuestro fría nos pregunta si nos atrevemos a ver el cañón en vertical y le decimos que vamos a probar. Nos saca del camino donde podemos ver baobabs enanos que también llaman pie de elefante y un montón de aloes Diferente que se utilizan para la medicina tradicional malgache. 

Caminamos monte a través hasta que llegamos al borde mismo del cañón donde una inmensa roca con forma triangular permite ver el cañón en vertical con sus 200 metros de profundidad. Nos anima a sentarnos en el borde para sacar una foto pero yo no estoy nada motivado. Últimamente me dan cada vez más miedo las alturas. Caracola tampoco se ve con fuerzas así que nos mantenemos de pie a un paso del borde a pesar de que sopla el viento y le pedimos al guía que saque una foto lo más rápido que pueda. El se deleita y nos saca tres. Creo que ni he pestañeado entre una y otra y no oigo la respiración de Caracola. Parece que tampoco quiere moverse más de la cuenta.

Despacio vamos acercándonos de nuevo a tierra firme hasta que podemos sentirnos seguros para poder adelantar camaleones. 

Regresamos al camino y vemos un par de camaleones. De momento la visita a Isalo está siendo más bien dedicada a la flora y al paisaje que a la fauna del lugar. 

Comenzamos a bajar hasta que llegamos al cañón. Caracola tiene la rodilla fastidiada así que le digo al guía que aminore un poco el paso. 

En el cañón continuamos río arriba pasando de un lado a otro de la orilla a través de piedras que el río ha ido arrastrando en su época de crecida o que, directamente, han caído desde el propio macizo. El camino no es difícil pero hay que mirar donde pones el pie si no quieres meter el pie en el agua. 

A los cientos de metros se nos une una excursión de colegio. Le pregunto al guía porque pensaba que era época de vacaciones pero me indica que se trata de unos campamentos. Por la pinta de los escolares, entre 10 y 14 años, deben ser los hijos de los ricachones. Nada que ver con todos los niños que hemos visto en nuestro viaje. Todos van con cámaras y ropas de marca y denotan un estilo totalmente occidental. 

Al poco rato llegamos hasta la primera laguna, la laguna azul que tiene 4 metros de profundidad. En ella cae una pequeña cascada y la verdad que es realmente bonita pero no es muy azul. Más bien es verdeazulada. Como siempre dice Caracola, deberíamos haber viajado más tarde a Nueva Zelanda pues, las comparaciones son odiosas, las blue pools le dan cien patadas. En cualquier caso es un paisaje muy bonito. 

Unas decenas de metros río arriba llegamos hasta la laguna negra donde la profundidad es de 17 metros y un cascada de mayor tamaño forma un bonito, esta vez bastante más, paisaje. Recuerda mucho a un cenote de México en pequeño y por supuesto con una cascada. 

Allí nos quedamos mirando embobados mientras Caracola se decide a meter los pies en el agua. Iba con la idea de bañarse pero la temperatura del agua y los 50 niños alrededor creo que han terminado de quitarle las ganas. En cualquier caso sería la vigésimo segunda vez que se saltaba las recomendaciones de salud que nos dieron en el centro de vacunación o que recomienda la web del ministerio. De momento parece que sobrevivimos bastante bien.

Cogemos nuestro camino de vuelta caminando por el cañón hasta regresar a la zona de camping. Un poco antes de llegar nos detenemos. Tenemos una pareja de lemures marrones que están en el suelo un poco fuera del camino. Nos acercamos lentamente hasta que los tenemos o os centimetros donde se nos unen otro grupo de turistas y allí empezamos la sesión fotográfica. Me temo que los lemures de los parques, al menos estos, están bien acostumbrados y a veces diría que hasta posan. 

Cuando regresamos nos sentamos a descansar y de repente el guía, que estaba dando vueltas por ahí, nos avisa que ha visto lemures alrededor pero en este caso, se trata de un sifaka que es bastante difícil ver en el suelo, pues se pasan la vida a 10 o 15 metros de altura. Otra vez fuera del camino podemos acercarnos sigilosamente, este parece que no está tan acostumbrado, para poder observarlo de cerca. Con todo y con eso la espesura del bosque nos permite verlo a un par de metros. ¡La primera vez que lo vemos tan cerca!

De camino a la zona de camping tenemos otra sorpresa. Malos en las rocas al lado del camino. ¡Al final hemos visto las tres especies! Parece que el encargado de poner los lemures se ha puesto las pilas y a última hora ha cumplido. 

Salimos hasta la entrada del parque deshaciendo el camino de hace 4 horas y como siempre allí está Joce. De camino al hotel el guía nos da las gracias y nos explica que la entrada y coste del guía (25.000 por entrada y 70.000 por el guía, en total 120.000 Ariarys) se distribuye en un 50% para la gestión del parque, un 25% para la comunidad y un 25% para el salario (su parte vamos). 

Nos despedimos de el y después de comer en el mismo hotel (un solomillo de Zebu qe estaba realmente bueno) salimos camino de Tulear. 

Unas 4 horas más tarde con un par de paradas de Joce que se le había olvidado la regla máxima de cualquier viaje (salir comido, meado y cagado) llegamos a Tulear. 

La ciudad la ponen bastante mal en la guía y, aunque no es para tanto, es una ciudad bastante fea. Al final todas son bastante iguales y sin ningún atractivo. 

Joce nos lleva al hotel Chez Alain, que está a la entrada de la ciudad pero cerca del centro. En estas ciudades, todo está cerca. Las habitaciones son todas bungalós. El precio es de 35.000, 50.000 y 55.000 para sencillas, dobles o triples. Están bastante bien aunque luego comprobaríamos que la habitación 10 no tiene una cama demasiado buena (o al menos eso nos pareció a nosotros). 

A la entrada habíamos escuchado música y preguntamos en recepcion si hay algún concierto o algo así, y nos dicen que hay un show pero no saben concretarnos más. Lo mismo es un dj o un karaoke pero allá que nos vamos con las señas que nos indican. 

Nos ponemos a andar y andamos, andamos, andamos hasta que nos aburrimos por lo que podríamos decir que es el Paseo de Gracia o la Castellana de Tulear. Aunque no nos intentan vender hasta el agua de los floreros ni nos llaman «Vazaha» cada 2 minutos la gente se retuerce el cuello para mirarnos como si no hubieran visto un blanco en su vida y eso que está en teoría es una de las principales ciudades. A estas alturas ya casi ni nos damos cuenta pero en el próximo viaje a África creo que llevaremos fotos impresas para poder regalarlas y que puedan mirar con toda la atención que necesiten. 

Como comienza a anochecer y no queremos repetir la experiencia de Ambalavao decidimos regresar a la habitación y tomar una cerveza en la magnífica terraza del hotel. 

A mitad de camino nos encontramos con Joce que iba dirección a la fiesta pero al ver que no estábamos allí decide volver con nosotros. Yo creo que no las tenía todas consigo sobre si sabríamos volver. 

En el hotel tomamos una cerveza con Joce y hablamos del estado del país, y cómo mejorar cosas desde el punto de vista del turista, lo que básicamente se reduce a carreteras. 

Tras un rato comentando, nos deja a solas para que cenemos a solas. Caracola ha pedido un tartar de tomate y yo una ensalada. A medias un gratinado e gambas que como a mí no me gustan demasiado intento cambiar por el tartar que está muy rico. 

Unas 4 cervezas después (por cabeza) y un par de horas de charla sobre cómo arreglar el mundo, nos vamos a la cama con ganas de playa para mañana.

   

    
    
    
 


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