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Grecia (2021)

Día 6. De Meteora a Corfú

Visita a la ciudad de Corfú a nuestra llegada desde Meteora en ferry.

Los desayunos son muy ricos en general en todo Grecia y este no iba a ser diferente por suerte. Lo único que a pesar de estar en hora, el chico nos ronda para ver que todo está bien y con un poquito de ganas de recogerlo todo, para qué engañarnos. No es que hayamos bajado a última hora, pero como no hay muchos huéspedes, somos los últimos.

Fuera sigue lloviendo, no nos está dando tregua en las mañanas y aunque hoy no tenemos miedo de tener que salvar un animal de cada especie chispea y está nublado.

Hace unos días que sospechábamos que los señores Simon, Kate y Stuart, autores de nuestra guia Lonely Planet no pisaron en el 2020 Grecia, pero ahora estamos más que convencidos de que:

  1. No la pisaron en 2020 ni nunca.
  2. Son gente triste
  3. No han pisado Grecia ni Europa en general
  4. Son vampiros, porque no duermen en ningún sitio, o al menos no recomiendan ninguno para dormir.
  5. No hay rangos de precios en sus indicaciones, a lo mejor como son vampiros no comen y entran volando con sus capas a los monumentos.
  6. No tienen ni zorra de historia en general o al menos son unos secretistas y en vez de contar algo te dicen “Aquí había una piedra antigua llamada Pepa”Y fin, ni como era, ni para qué servía ni una foto o dibujo a mano alzada de lo que deberíamos ver o no porque ya no está.
  7. Tenían que publicar la guía porque la habían cobrado y lo hicieron sin ganas ni documentarse.
  8. Hay zonas que por no venir no vienen ni en el glosario (Tebas es un lugar del mundo que no podrás situar en Grecia, lo siento…)
  9. No tenemos nada en común con esta gente.
  10. Estamos planteándonos prenderle fuego a la guía.

Dicho esto, hemos decidido ir a Corfú. La gente normalmente elige irse a las Islas Griegas del Sur de Grecia, las Cicladas, que son al parecer preciosas islas cuidadas con casas blancas, puertas azules y bañadas por un mar esmeralda bastante tranquilo, donde disfrutar de buena comida, muchas compras y buena fiesta.

Según lo que hemos visto, leído y curioseado por ahí, sería como poner varios preciosos pueblos blancos del sur de España a pie de playa, pasear entre tiendas de souvenirs y cafeterías y alojarnos en hoteles con piscinas infinitas, que viendo el tiempo que tenemos no podríamos disfrutar. Así que hemos decidido dejar esta visita para más adelante ya que casi todas las islas grandes reciben vuelos directos desde España y no estamos mucho por la labor de esquivar turistas como nosotros en cada esquina. Y por eso, hemos decidido irnos a Corfú que la pintan como bonita, pero esencialmente “Griega”.

Para llegar a Corfú Thetis tendrá que hacer su (creemos) primer viaje en barco, así que nos dirigimos escuchando unos post de Planeta Cuñao hasta Igoumenitsa para coger el ferry.

Ida y vuelta con la vuelta abierta para el día que queramos, coche incluido, nos cuesta 100€ pero si lo hubiéramos comprado online nos hubiera costado 75€. Lo único que todos los horarios no están disponibles y tendríamos que esperar 3 horas aquí al barato.

No hay mucho barullo, ni información tampoco, pero Oru que es un experto conductor aparca a Thetis en un precioso hueco con vistas a pesar de las confusas instrucciones del “gorrilla” griego que ha decidido hablar en griego para empezar y dar las instrucciones enfocadas a movimiento de volante (y no de coche) para seguir… Lo que no les pase en este país al volante les pasa a los jordanos ¡fijo!

Yo voy subiendo a la cubierta a coger sitio y comprar un par de Coca Colas para hacer el viaje de hora y media. Oru se queda haciendo las últimas piruetas con Thetis y una vez con todo listo nos aposentamos en la terraza de cubierta para ver las vistas mientras nos desplazamos.

El mar está tranquilo, apenas unas barcas surcan el mar y la brisa es suave. Dejamos atrás tierra firme entre fotos y búsquedas rápidas del que será nuestro alojamiento en Corfú y en menos de la hora y media esperada tomamos tierra en el pequeño puerto de Corfú.

Al fondo se puede ver el fuerte y la parte vieja y un pequeño pueblo, aparentemente de pescadores. Desde aquí, tiene encanto.

Desembarcamos, Oru y Thetis por un lado y yo a pie por otro (ordenes de la tripulación). Sorprendentemente es rápido y limpio, nada que ver con su conducción. Y es que a pesar de su “especial” forma de conducir los griegos no son muy “pitones” a pesar de su palpable impaciencia.

Buscamos el centro y aparcamos lo más cerca posible. No ha sido complicado y de camino ayudamos con su carro de la compra a una pobre mujer de unos 90 años que sube unas 60 escaleras, y que de no ser el por el carro el ritmo que lleva es más que respetable.

Corfú , Kerkira o Kerkyra es la segunda isla más poblada de Grecia y se encuentra al Oeste. Debe su nombre a la ninfa Kércira, hija de Esopo, de la cual se enamoró Zeus, raptó y llevó a esta isla. Más majo Zeus…

Como aún no le hemos prendido fuego a la guía hemos decidido hacer un tour personal por los lugares emblemáticos que marca pero por supuesto en el orden que nos da la gana y ya veremos qué pasa. Aunque primero tenemos hambre así que hay que buscar un sitio donde comer algo rápido antes de ponernos en marcha.

Yo elijo una pequeña bakery en una callecita pero a Oru no le convence. Un poco más adelante se abre una plaza grande con un restaurante y un par de cafeterías. Cualquiera de ellas nos servirá para comer.

Nos sentamos en la que se acerca el chico (y porque la otra está llena de palomas, y eso da punto en contra). Oru se pide una tarta de queso que bien podía ser la primera tarta que hacen en su vida y yo un crepe salado especialidad de la casa. JAMÁS, repito JAMÁS he comido un crep tan malo y asqueroso a la par y aseguro que los he comido malos e incluso muy malos. Pero con ninguno había tenido ganas de quitarme la vida. Y si ya alguien me explica porqué un crep caliente lleva: lechuga, jamón York, maíz de bote (literalmente recién echado del bote), queso (sin derretir), champiñones ENTEROS de bote (sin freír, ni pasar por la sartén, ni cortar, ni calentar y no exagero pero si no había 20 champis no había ninguno) ¿Qué villano inventó esta venganza? ¿Qué clase de hijoputismo te lleva a convertir esta mierda en la especialidad de la casa? ¿Odias tu local?

La masa del crepe estaba sosa, seca y dura por si algún hiper optimista de esos que se pasean por la vida ha pensado que quizá te puedes comer el crep y olvidar que estaba relleno. Pues no.

Como ya todo me parece mal, el hecho de que la camarera choni de uñas fosforitas y longitud poco acertada que hace unos 6 meses se tiñó fallidamente el pelo de rosa fucsia y que se está dando el lote en horario laboral con su novio a nuestro lado sentado, no me parece ni raro.

Salimos de allí como podemos y nos encaminamos por una de las calles principales llena de pequeñas tiendas de souvenirs hacia el centro.

Como no tenemos niños y hace años dejamos de perder horas en comprar regalitos inútiles que acabarán en el fondo de un cajón sin ningún significado, nuestra única preocupación a veces es llevar algo gracioso para nuestro recuerdo y/o para nuestro adorado Lucas. Por eso, como un cazador experimentado, Oru ha visto a lo lejos una peonza de madera sin punta ideal para nuestro perro loco amante de las peonzas y de cualquier aparatejo que se mueva sin control. Nos dirigimos a la tiendecita, que no tendrá más de 3 metros y salimos de allí con la peonza para Lucas y un adorno navideño para nuestro árbol de navidad, una nueva costumbre de Carcola & Oruga

Cuando al fin arrastro a Oru fuera caminamos por en medio de la plaza Leónida hacia la antigüa fortificación. Antes de entrar hacemos un reconocimiento y pasando de la guía, que poco aporta, buscamos qué veremos y qué nos invita a entrar aquí en Google.

La fortaleza veneciana se levanta al fondo sobre un espolón de roca sobre el mar y fue construida por los venecianos una fortaleza para defensa del puerto. Nos invitan a ver las vistas desde el cabo, el faro por fuera y el Palaio Frourio de estilo veneciano.

Con este despliegue de efusividad y esta invitación a no ver mucho más que las vistas nos embarcamos en el noble arte de la contemplación y decidimos pasear por la ciudad vieja, que nos llama mucho más.

Cuál Jessica Fletcher y Hércules Poirot buscamos incesantes los Jardines Commemorativos de Durrell, dedicado a los hermanos Durrell. Tras varias vueltas en redondo no nos podemos creer que estemos en ellos desde hace rato; ni que nadie llame a este pequeño parque pegado al muro hacia el mar de apenas 15 metros “Jardines Commemorativos”.

Esta guía ya nos tiene hasta el queso feta y le quedan dos telediarios… Buscamos el busto de Durrell que por el tamaño del Jardín no puede estar muy lejos para tocarle la nariz, porque da suerte. Curiosos animales somos los humanos que nos lo creemos todo.
Así lo hacemos y despedimos a mi recién conocido Durrell, quien en una búsqueda ligera por internet nos hace recordar remotamente alguno de sus libros como “Mi familia y otros animales” o nos vincula al zoo de Jersey y nos aporta algo de conocimiento sobre su vida personal: naturista desde niño y amante de los animales, montó un pequeño zoo en su casa salvando algunas especies y poco a poco miles de ellas, viaja por todo el mundo y tiene un hermano escritor y zoólogo un poco raruno con inclinaciones algo reprochables. Como resumen es un poco pobre, pero el que quiera saber más que lo busque ¡que no somos la wikipedia!

Gerald Durrell y su nariz mágica

Pasamos delante de una pequeña iglesia y debe de ser una comunión porque… ¿los ortodoxos hacen la comunión? Ni idea… pero debe ser algo así porque la puerta de entrada está adornada con globos azules y blancos, hay una pequeña mesa con regalos envueltos en papel de celofán en un lado y un puesto pequeño con sombra en el lado opuesto guarda dulces y bebidas.
En la puerta mujeres arregladas cuál domingo de ramos esperan sin que nosotros sepamos a qué y un par de hombretones custodian un coche eléctrico tamaño infantil decorado con un lazo blanco. Si es una comunión todo lo celebrable va a hacerse aquí y ahora pero no venimos vestidos para la ocasión así que seguimos nuestro camino improvisado.

Hoy debe de haber una excursión de boy&girls scouts griegos porque una chavalada importante entre los 8 y los 14 años más o menos juegan en la calle a diversos juegos como el corro, el pilla-pilla, el pañuelo y varias actividades más que ya casi habían caído en mi olvido más profundo. Monitores y algunos padres involucrados se unen a ellos en el juego y la plaza y el Museo de Arte asiático se llenan de gritos y risas. Para mi es algo estupendo; para el grupo de 5 adultos serios que intenta hacer Tai-chi y que se esconden en una de las esquinas, no debe de ser muy agradable. Hay un hombre delgado al que le daria un bocadillo, con pinta de hippie que parece ser el que lidera la clase de aprendices. Están concentrados en la respiracion acompasada por el movimiento de brazos, por la cara de la mujer de la izquierda creo que los scouts están complicando esta toma de contacto con el Tai-chi.

Damos la vuelta completa al edificio, para ver desde la parte trasera como la gente se baña frente a la Iglesia de San Nicolas de los Baños donde, en teoría, los autóctonos vienen a bañarse aquí. Y será verdad, porque no hay playa pero unas escaleras en piedra y otra de piscina facilita la subida desde el mar al puerto. Actualmente una familia de rubios rubísimos están saliendo rojos como tomates.

Continuamos hacia la sociedad lectora de Corfú tras ver jugar un rato a unos chavales al baloncesto. Para nuestra sorpresa el edificio está igual de hecho polvo que todos los demás pero en este caso cubierto de andamios así que esperamos que los viajeros del futuro 2022 puedan verlo arregladito.

Recorremos la ciudad por la parte del mar mientras vamos viendo cómo cae la tarde en busca de la Iglesia Antivouniotissa. Un cartel en la parte baja de una escalera nos anuncia su presencia. No esperamos que sea tan austera, ni que esté tan escondida. Tampoco que esté cerrada, así que la bordeamos y decidimos callejear hasta la catedral.

La parte centro la forman un laberinto de calles antiguas empedradas, presididas a ambos lados por casas de gente con la ropa tendida al aire y los cables de la electricidad colgando.
Los edificios son antiguos, no están bien cuidados y eso lo hace bonito. Nos recuerda poderosamente a Venecia. Las calles no están sucias o al menos no con una suciedad escandalosa y parece que la vida se desarrolla con normalidad, ajena a nuestro paseo cotilleando a través de las cortinas de los pisos inferiores y de las puertas abiertas.

La catedral nos cierra la puerta en las narices, ya que respetuosamente hemos esperado a que sacaran una paloma a patadas. No te digo que abraces a la paloma, pero sacarla así y dejarla de herida en la puerta de la catedral y cerrarle la puerta a cuatro turistas que presenciaban tu poco acertada actuación, muy de cristianos no es, pero oye, no seré yo quien juzgue tu religión pero si tu poca educación.

Muchos locales iluminados con velas nos animan a quedarnos a cenar pero hemos buscado un alojamiento muy mono a 15 min y casi que nos ponemos en camino y nos tomamos allí las cervezas que van a acompañar la cena sin tener que coger el coche.

Dormiremos en el Hotel Castello Di Vista. Se encuentra al norte y está muy cerca de Corfú pero como por la carreteras de Grecia corren enérgicas manadas de elefantes cada mañana éstas están jodidas de narices. Así que si a eso le sumas que el Google Maps se pierde más que en el desierto y que los nombres te lo pone en griego, tenemos que tirar de Mapas de Apple. Para todos los fanboy’s, si, efectivamente, en Grecia los mapas de Apple van mejor que los de Google. ¡Inaudito! Aún así, el resultado final es acabar en un camino de vacas embarrado, cagandonos en todo buscando la puerta de entrada al Castello. Cuando ya hemos claudicado y Oru ha conseguido dar la vuelta entre zarzas y flora salvaje vemos la otra puerta del alojamiento… Todo este rato estábamos en la puerta trasera y por eso nuestros buscadores no nos daban otras opciones, la puerta estaba cerrada y no había timbre. Vale, somos lelos…


Nos recibe la dueña y a pesar de los viajes que llevamos ya a la espalda, a mí eso de ser súper cercano nada más llegar no me acaba de convencer. Me gusta la cercanía, pero “lejana”. ¡No me agobies ni seas tan enérgica! Déjame que saque las maletas, que te diga hola, dime cuál es mi habitación y después ya vamos cogiendo confianza… o no.

Es una mujer chaparreta, simpática y muy habladora. Un desastre también; mi nombre titula una hoja de papel arrancada de un cuaderno (flecos incluidos) apoyada en un enorme escritorio antiguo lleno de papeles desperdigados por todas partes. Yo me pongo nerviosa, Oru parece impasible.
En el salón/comedor de su casa entraremos unas ocho personas apretaditas.
En una mesa cenan cuatro hombres, parecen amigos y uno rancio porque nada más entrar nos dice con un gesto que cerremos la cristalera. ¡Ciérrala tú so rancio! ¿Tienes frío a 18ºC? ¡Pero si estás hablando en alemán!

El salón estuvo decorado; ahora acoge diferentes decoraciones de antes y después, no conoce la simetría ni el orden y ahora mismo yo me siento un poco agobiada, sobretodo porque está mujer no calla y quiere saberlo todo de nosotros y a mí no me apetece contárselo. Nos dice que nos ha dado la habitación “Eros” y allí vamos.

La habitación tiene dos pisos y sigue ningún orden en la decoración, pero lo mejor viene en el baño. La habitación debería llamarse “Pedos” en vez de Eros, ya que a pesar de que el baño tiene puerta algún ingeniero iluminado con alma de decorador y enamorado de la Grecia antigua decidió prescindir de un trozo de pared y hacer una especie de ventana vista con tres columnas, de forma que si estás meando o duchándote o lo que sea, el que pase por delante del baño te verá u olerá en tus momentos más íntimos. Además si en ese momento decides salir de la habitación para dotar de cierta intimidad a tu acompañante la gente que esté en el jardín también podrá ver a tu acompañante en su momentazo, porque la ventana queda frente a la puerta de la habitación…

Cenaremos aquí, y es un gran acierto. La comida está de muerte y probamos
por primera vez la pasta típica de aquí que, aunque es pasta, a simple vista parecen granos de arroz. Está hecha con verduras y carne y como con una especie de costra en la pásate superior. También nos pedimos una ensaladota de primero sin pepino. Hemos aguantado la mirada de “¿pero como no te gusta el pepino?” y un par de comentarios acerca de sus beneficios. Dentro de poco quitan la penicilina y la sustituyen por pepino, lo cual en mi caso, sería exactamente igual. Y como toooodo este festín de calorías no le parece suficiente a esta menuda mujer, nos saca un platazo de pollo, cortesía de la casa que nos obliga a probar aunque no podamos más y que está riquisimoooo, pero eso ¡no podemos más!
O ¿si? Porque Oru se atreve con el postre que ha sacado la mujer, que es una especie de fosquito casero y que es ¡espectacular!Esta mujer cocina de muerte y nos hace saber que le encanta y que mañana para desayunar tendremos una especie de buñuelos de viento con miel, que sospecho acabaremos de digerir en 2023…

Único fallo, a Oru y a mi nos gusta quedarnos hablando con una cerveza tranquilamente y hoy está conversación se verá entrecortada por la batería de preguntas de esta mujer.
¡Deberías salir más buena mujer!
Nos despedimos de Silvestre, el gatoperro (como casi todos aquí) al que he alimentado durante nuestra cena y acariciado en la sobremesa hasta aburrirme de la mujer y su señora madre (que está porque la hemos visto, no es como en Psicosis) y nos vamos a dormir a nuestra habitación ¡con baño de ventanas dóricas!

¡Buenas noches!

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