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Marruecos (2019)

Día 9. De Fez a Chefchaouen.

¡Esta ducha es brutal! En serio, la desmontaría y me la llevaba a casa! Pero ya he aprendido a dejar de acumular cosas de los viajes que luego no sabemos que hacer con ellas y a acumular recuerdos y fotos, que son mas gratificantes. Aun así, ¡quiero este baño!

Con energías renovadas y las legañas despegadas bajamos a desayunar.

A mi rodilla y a mí las escaleras nos parecen un infierno pero es lo que tienen los Riad, que hay que despeñarse por escaleras imposibles (abstenerse personas mayores) para disfrutar de este encanto en el centro de las Medinas.

Omar nos espera con el tan esperado café y Oruga, repite la operación de ayer. En serio, ¡se nos van de las manos estos desayunos tan copiosos!

Oruga avergonzado del desayuno que se ha metido entre pecho y espalda 😅

Mientras desayunamos con toda la tranquilidad del mundo estamos planeando la mañana ya que por la tarde queremos salir hacia Chefchaouen, la perla azul, de la que nos separan unas 3h de camino. Si salimos después de comer podemos llegar por la tarde-noche.

Ayer todo eran planes para terminar de ver todo lo que nos dejamos por guiarnos de nuestros horarios particulares, así que nos quedan por ver:

  • Las tumbas benimerinas.
  • El Borj Nord y el Borj Sud, por sus vistas, porque ver torretas desmanteladas no nos atrae especialmente.
  • El Barrio judio que nos dejamos ayer.
  • El museo Dar Batha o una de las fábricas de cerámica.

Más información sobre cada sitio:

Museo Dar Batha, con objetos tradicionales bereberes como alfombras, cuberterías y joyas.

Borj Sud, en la parte sur que es un torreón y el Borj Nord, que es un fuerte bastante normalito en el que se encuentra el Museo de las Armas. Pero lo llamativo, por lo visto es ir a ver atardecer. Algo que ayer no hicimos y hoy no podremos hacer porque no estaremos aquí por la tarde. 😢

Tumbas Benimerinas, un mausoleo en ruinas donde se enterraban los grandes mandatarios de la dinastía meriní, y desde donde las vistas también dice que son espectaculares, aunque a nosotros lo de las ruinas… digamos que desde Roma nos genera una desconfianza importante, pero bueno…

Digo que ayer todo eran planes, porque ahora mismo lo que nos apetece a los dos es volver a las caóticas calles de Fez y perdernos de nuevo en el Zoco y entre las callejuelas cubiertas de edificios poco cuidados, pero con muchísimo que admirar.

Así que visto el tiempo que necesitaríamos para ver todo lo anterior o decidirnos por pasear, elegimos la segunda opción. Además así podremos llegar a Chefchaouen a la hora de comer más o menos y regalarnos un día más en un pueblo más pequeño.

El zoco está en plena ebullición para los autóctonos, los turistas como nosotros aun estamos con los cafés y las legañas y nos cruzamos con algunos grupos de turistas bien pegados a su guía para no perderse.

Me sigue maravillando el gusto por la cerámica y el dorado que hay en estas ciudades.

A pesar de que cada rincón de Fez nos regala imágenes para el corazón y la retina, pasear entre sus calles se hace difícil para mí. No es inseguro, o al menos no lo parece, y como ya hemos dicho hasta ahora los marroquíes son simpáticos y amables hasta mas no poder, pero las calles son tan estrechas y cubiertas de edificios altos que ubicarte es misión imposible y sobre todo para mi, que siempre voy a peras.

Gracias a la experta lectura de Oru y al genial maps.me no nos hemos perdido tanto como era de esperar. Bueno él, porque a mí cuando me dijo que ya estábamos al lado del Riad de nuevo se me quedó cara de atropellada. Yo es que sí me guían voy como una niña lela paseando y mirándolo todo. Y si no me guían, pues me pierdo hasta en la plaza del pueblo mas pequeño. Tengo una capacidad no reconocida mas que por los mas allegados, para salir de una tienda en dirección contraria y caminar contrasentido un buen rato. ¡Si me pierdo hasta en el supermario car que siempre acabo conduciendo en dirección contraria!

Fuera de la Medina de Fez la vida es más tranquila.

Cargados de nuevo, nos dirigimos al coche, esta vez con mas seguridad, porque hemos hecho el camino cercano unas tres veces, pero pensando si estará el coche o si un grupo de ratas del tamaño de un ornitorrinco se habrán comido la “junta la trócola” y se habrán bebido la gasolina. 🤨

Los hombrones de la puerta, que entre todos ellos no hacemos una boca entera, nos saludan sonrientes, y saben perfectamente cuál es nuestro coche.

Yo bajo encogiendo los pies porque la luz sigue siendo igual de tenue que el día de nuestra llegada y no veo el suelo, con la diferencia de que ahora es de dia.

El coche parece entero. La única diferencia es que ahora tenemos coches pegados a ambos lados, así que cargamos, y yo me quedo fuera del coche porque ni mi cuerpo entra en ese trozo, ni la puerta es corredera.😜

De repente, de la nada salen cuatro amables caballeros que en un nanosegundo le están dando instrucciones a Oru para que saque el coche de culo. Yo le veo la cara de agobio, pero no voy a decir ni mu. Si fuera yo la que le estaba haciendo aspavientos, ¡ya me habría mandado a la Meca tres veces! Así que les dejo hacer, mientras uno de los hombres, el mas callado, permanece a mi lado con cara de poker pero sin abrir la boca.

Finalmente ya estamos de frente y tras pagar, dar las gracias y devolver las sonrisas 200 veces nos despedimos esta caótica ciudad.

Fez tiene un gran numero de fans como hemos podido ver en mil blogs y guías que hemos leído, pero personalmente yo me he enamorado de Marrakech. Me parece un poco menos bonita arquitectónicamente hablando, pero más viva, más activa, más fácil y accesible. Así que si me preguntas a mí, ¡me quedo con Marrakech!

Hemos pensando varias veces si saltarnos Chefchaouen porque era irnos muy al norte para luego bajar, pero después de que todo el mundo nos recomendara encarecidamente ir, no nos la vamos a saltar ahora.

El camino es mucho mejor que llegar a Fez, lo cual Oru agradece infinitamente.

Nos adentramos ya en la cordillera del Rif, una zona montañosa de paisajes sorprendentemente verdes, y la pequeña ciudad y su Medina se extienden sobre una ladera de una montaña. Ya hemos ubicado el hotel donde nos alojaremos, por lo visto estamos en todo el centro. Un rato después descubriremos que lo complicado es no estar en el centro, ya que es muy pequeño y los alojamientos están en las calles aledañas que hacen como círculos concéntricos, siendo el centro la plaza Uta el-Hamman.

Aparcar a Hasan ha sido fácil, hoy dormirá en un parking al aire libre que por poco más de 2€ le permitirá descansar plácidamente hasta mañana. (Plaza de Makhzen, con el hotel parador y el parking público)

Nuestro hotel de hoy es un sitio correcto, pero bonito no mucho. Es más un hostel tipo europeo, con habitaciones no compartidas, una pequeña recepción y regentado por un chico de simpatía desconcertante (bipolar, le llamaría yo): La Maison d’Chams (35€).

Tiene un montón de habitaciones y un dudoso gusto para la decoración, pero parece decentemente limpia y a pesar de no haber conseguido que nos den una con cama de matrimonio (hoy dormiremos “enfadados”) tiene una terraza enorme arriba, ¡así que nos sirve!

Soltamos las cosas y salimos volando a explorar. Bueno a explorar y a comer, porque es super tarde y nos morimos de hambre.

Como no encontramos nada a esta hora y Oruga me acaba de hablar de un italiano, a mi cabezonería le apetece una ensalada cesar que no haya visto ni olido el pepino ni en sus peores sueños. Y Oru está ensalivando pensando en todo lo que se va a comer.

Lo ubicamos en el plano y nos ponemos en marcha por el camino largo, para poder adelantarle a nuestros ojos un poquito de lo que veremos después.

Chefchaouen es una ciudad creada por beréberes en el siglo XV. Fue lugar de acogida para los moriscos y judíos habían sido expulsados de España. Una ciudad pequeña, en cuesta y ¡preciosa

Me recuerda muchísimo a un pueblo de la alpujarra granadina, pero con la diferencia identificativa de sus casas pintadas de azul.

El azul está hasta en el suelo.

Las gentes de Chaouen pintan las paredes y los suelos de las casas varias veces al año e incluso pintan el suelo de las calles cuyo objetivo es purificar, higienizar, aportar frescor y ahuyentar a los insectos.

Este color no homogéneo hace que el paseo entre sus calles estrechas y empinadas, sea un regalo para los ojos. Y por supuesto, hace que un camino relativamente corto se convierta en un paseo relajado que te hace parar en cada rincón, cada puerta de una casa y cada patio para perderte entre los azules añil, blancos y azules mas intensos. Te olvidas de donde estás y solo sientes, miras y caminas. Bueno, y le regalas a tu móvil un montón de fotografías. 🤩

En mi primera foto a la nada, recibí la reprimenda de tres mujeres, que se creían ser fotografiadas. A base de gritos, mientras se tapaban la cara, me instaron a dejar de fotografiar la amplia escalinata de piedra por la que bajamos.

Pues va a ser verdad que aquí hay mas influencia española que en el resto de Marruecos. ¡Qué carácter!

Es la hora de comer, o mas bien casi la hora de la siesta, así que tenemos la suerte de tener la ciudad casi para nosotros solos. Seguimos admirados caminando hacia nuestro destino, porque nos rugen las tripa. A pesar de tener los ojos llenos de belleza, nuestro cuerpo necesita energía para seguir.

Nuestro italiano está un poco alejado de la parte puramente centro. A ver, alejado, alejado tampoco…

Desde esta parte podemos ver el entramado azul con cierta distancia. Descubrimos que, a pesar de haber visto algunos palos largos con un pincel-brocha atado al final para pintar las partes mas altas de las fachadas, esto no es suficiente para las partes altas y desde aquí podemos ver la desigual forma de pintarlas.

Las partes bajas y cercanas a las puertas suelen estar mas intensamente pintadas; un poco mas alto se ve el añil que deja salir pinturas anteriores, incluso con tonos amarillentos y blancos y finalmente, en muchas casas las partes altas dejan ver el color original de las casas: un tono como de adobe. ¡Curiosa combinación y sobre todo espectacular!

Finalmente llegamos a comer. El restaurante es un lugar chiquitito con mucho encanto y pintado de azul por dentro también.

Nos planteamos sentarnos en la terraza, pero una tormenta amenaza con estropearnos la comida así que finalmente entramos y nos dejamos recomendar una vez mas por la simpatía reinante.

Las paredes están llenas de fotos de la zona. La simpática camarera, que chapurrea algo de español, ademas de tomarnos nota nos recomienda algunas cositas que hacer. Así que mientras esperamos a que nos llegue la comida, entretengo a Oru y al gremlin que le sale del estómago con la lectura de la guía y así de paso nos obligamos a ubicarnos y decidir nuestros siguientes pasos.

La comida está muy rica y no hay rastro de pepino en ella lo que me hace muy feliz, pero nos ha sentado regular.

No creo que sea por la comida en sí. Supongo que es por la acumulación de días, guisos fuertes, salsas, tés, aguas diferentes.

El caso es que entre la lluvia y nuestro estómago algo tocado, nos tendremos que saltar la ruta de dos horas por los alrededores hasta el punto más alto donde se encuentra la Mezquita en ruinas (ahora restaurada), que está a unos dos kilometros y desde donde se puede tener unas vistas estupendas de Chefchaouen.

Encaminamos hacia la entrada principal de la ciudad, el Bab el Ain, para perdernos por toda la Medina, que bien lo merece.

No tenemos ninguna sensación de agobio y es un gran lugar para caminar y perderse sin el agobio de lugares mas grandes como Fez o Marrakech. Y eso hemos hecho.

Hemos aparecido en el punto mas alejado de la zona turística, viendo a los padres recoger a los niños que parecen inmensamente felices salir de la escuela.

Como imaginar es gratis, vamos prestándoles atención a unos y a otros e imaginando las conversaciones que tienen contándose lo que han hecho en el cole, mientras entre ellos se saludan y juegan unos con otros. Niños, vaya. 😋

Seguimos por las estrechas calles llenas de patios y cuidada ornamentación hasta llegar al zoco. Aunque el zoco está repartido por toda la ciudad, o al menos por el centro de la ciudad.

Debido a la poca afluencia de turistas podemos recorrerlo sin aglomeraciones y admirar los escaparates de calle; bolsos de cuero colgados sobre el azul de las fachadas, babuchas de intensos colores, sombreros de paja con llamativos pompones de colores, chilabas… Todo parece cuidado y expuesto con gran gusto, no sé si es la tranquilidad de pasear sin rumbo, o el abanico de azules lo que hace que todo parezca cuidado con esmero.

Por cierto, una de las cosas características de Chefchaouen y que le dan un especial encanto son las chilabas de lana con capucha. Son como una abrigo de lana con capucha acabada en pico de carácter rural que debe llevar todo el mundo aquí en invierno. Vista la ubicación de Chefchaouen, los inviernos deben de ser fresquetes, seguro.

Seguimos subiendo y bajando calles, perdiéndonos dentro de las tiendas de artesanía, piel o especias. Nos llaman la atención las alfombras, que tienen una aire a las alpujarreñas, pero conseguimos no caer en nuestras propias trampas y volver con una alfombra de 3m que acabaremos dejando olvidada en algún rincón.

Los gatos. Oh, ¡los gatos! Si todo Marruecos está lleno de gatos en general, ¡en Chefchaouen es impresionante!

Gato posando.

Ademas cada gato “te pide” hacer una foto nueva, porque el fondo azul les queda genial, ¡y ellos lo saben! 😎

Unos pocos pasos más adelante de la Plaza de Makhzen, donde hemos dejado a Hassam, hay un callejón que sale hacia Bab el-Ansar y la fuente Ras el-Maa, uno de los lugares más bonitos de Chaouen. 

Bajo el relajante sonido del agua se puede bajar al lado del riachuelo, ver cómo las mujeres hacen la colada y cómo funcionan todavía los molinos hidráulicos.

Un par de horas de paseo despistado después llegamos de nuevo a la Plaza Uta el-Hammam. Es la plaza más céntrica donde están ubicados todos los bares y terrazas, tantos que te cuesta elegir uno.

Como es el lugar por excelencia para tomar un té o un café y ya cae la tarde, no nos vamos a ir sin tomarlo, así que nos vamos a sentar para ver el trasiego de gente que ya han acabado sus siestas y sus cositas que hacer, y ya se ve mucho mas movimiento.

A pesar de las cuatro gotas que han caído, la tormenta nos ha respetado y podemos elegir cualquier terraza sin necesidad de meternos dentro de ningún sitio.

Elegimos la mas cercana a la Gran Mezquita, de forma que vemos la Mezquita (que no se puede visitar si no eres musulmán) y la Alcazaba (o Kasbah).

A al La Kasbah es una fortaleza medieval totalmente amurallada por muros rojizos, del mismo color que la Alhambra de Granada, con «la torre del Homenaje» en una de las esquinas laterales (Visitable).

El único fallo que le veo a la Kasbah es la ubicación de los WC públicos; yo personalmente los escondería un poco más, o los pondría en otro lado.

Desde nuestra privilegiada ubicación y café en mano, té en el caso de Oru, observamos a los ancianos sentados vestidos con las chilabas, pero en versión veraniega, en los bancos de la Mezquita.

Ellos parecen ajenos al devenir de la ciudad y si les prestas atención durante un rato, les veras vivir ajenos a los turistas que como nosotros les observan con curiosidad a lo lejos.

Incluso puedes olvidar un rato el ruido y la música lejana que nos rodea y trasladarte unos siglos atrás, donde seguramente para ellos la vida no sería muy diferente a la que estoy viendo en ellos ahora.

En serio, necesito que alguien construya una máquina del tiempo, solo para poder ir de un país a otro en años y siglos pasados y poder ver y disfrutar las vidas de “antaño”. 🤓

Dejamos a un lado a los ancianos del lugar para empezar a ver un movimiento también bastante común, y que no sabía hasta que no llegué aquí.

No digo que haya una venta de drogas masiva, ni de lejos es eso. Pero se ve en algunas esquinas o de tapadillo, negocios así como de calle… Es raro que a Oruga aun no le hayan ofrecido drogas en Marruecos, porque en todos los viajes alguien se acerca a ofrecerle. ¡Le verán necesitado! 😝

El caso es que esta zona es zona de cultivo de quif, que ocupa más de tres cuartos de la superficie cultivable. ¡Toma ya!

Así que hablando en plata, aquí se mueve hachis al mismo nivel que se consume té. Y ya de paso, lo llevan al norte y nos llega a España.

Caracola y Oruga, tienen ya suficiente con el alcohol y el tabaco y no les llama nada probar este producto autóctono, así que simplemente nos lo llevamos como información y seguimos con nuestras paranoias personales, y arreglando el mundo ¡que para eso estamos de vacaciones!

Ya es de noche, así que ahora nos estamos dando la vuelta de reconocimiento nocturno.

Las tiendas del zoco han cerrado sus puertas y el azul de las casas se ve ahora un poco mas oscuro.

La plaza se ha llenado de gente que se sienta alrededor del arbol central y los asientos que hay delante de la Kasba. Un músico callejero ha montado su chiringuito de rock internacional justo delante del árbol y parece que el pobre es bastante ignorado.

El espacio de loros vivos amarrados para deleitar a los turistas con una foto. A ver… QUE LOS ANIMALES TIENEN QUE VIVIR EN LIBERTAD Y NO AMARRADOS A UN METRO DE CUERDA PARA QUE UN TURISTA SE HAGA UNA ESTUPIDA FOTO A CAMBIO DE UNOS EUROS, ¡COÑO!

Una pequeña exposición de cuadros de Chefchaouen que expone orgullosa una hippie europea.

Los restaurantes de la plaza y los que se ubican en las calles aledañas han encendido sus farolillos de colores para dar de cenar a los autóctonos y turistas. Nosotros continuamos viendo el cuadro

nocturno y buscando una tiendecita para comprar agua y pan porque a Oru se le ha antojado un bocadillo a las 22h.

Yo aún tengo la comida sin digerir, así que la cena hoy es innecesaria.

Finalmente vemos un grupo de lugareños que hacen cola en un comercio que es básicamente una ventanilla a la calle. Así que bajo la atenta mirada de los componentes de la cola esperamos nuestro turno, y oh, sorpresa, ¡no hay pan! Yo creo que el hombre está partiéndose la caja pensando en que el pan se les acabó a las 12am.

Paseando volvemos al hotel con nuestras botellitas de agua y escuchando la música árabe que sale de las ventanas iluminadas de las casas.

Hacemos una visita a nuestra terraza, para ver la noche desde el cielo de tonos negros y grises, pero es todo lo que veremos, porque no hay luces en la terraza y hace bastante frío ahora.

Así que tras observar un rato las estrellas nos despedimos. ¡Hasta mañana!

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