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Tanzania (2025)

Día 5. El día que sobrevivimos.

¡Buenos días! Aquí si desayunamos, desayunamos todos asi que a apenas 300 metros de nuestro campamento nos encontramos con “Eli” la elefante y toda su familia desayunando. Si nos descuidamos, ¡nos desayuna el coche!

Superar el día de ayer va a ser complicado, pero no perdemos la esperanza. Tras la partida de Eli, una familia de Pumbas con tres crías nos deleita con sus paseos de culo rechoncho, pero no podemos evitar recordar el triste final del pumbita de ayer 😞

Julias, nuestro guía de hoy sabe más de animalejos y nos va contando costumbres y curiosidades de las cebras 🦓, los elefantes 🐘, jirafas 🦒 y todo lo que nos vamos encontrando por el camino. De repente en un giro un par de coches miran fijamente al infinito. Un chico con un objetivo más largo que los míos en Año Nuevo mira fijamente hacia un matorral. Hacia allí miramos todos buscando el guepardo 🐆 que se esconde entre la maleza. Al fondo una familia gacelas pasta a su rollo.

De repente las gacelas empiezan a correr de un lado al otro y yo, que no soy nada impresionable, alerto al universo de que el guepardo está de caza. Todo el mundo se revoluciona a excepción de Objetivo-Man. El resto de ingenuos como yo sigue buscando la caza entre el revuelo de las gacelas. Y es que era la hora del recreo y las gacelas estaban jugando al pilla pilla… 😏 Creo que el resto de coches quiere apuñalarme, pero yo estoy tranquila; hay un guepardo cerca y nadie se atreverá a bajar de su coche para hacerlo. El guepardo sigue con su siesta en el matorral y nos cansamos de esperar a su hora del aperitivo. 

Parece que la zona norte del Serengeti está siendo algo menos amena. Di que claro, como ya hemos visto un montón de animalejos, ya no nos impresionan tanto las increíbles manadas de elefantes con sus crías, las cebras, las coquetas jirafas… (mentira, nos impresionan igual)

Que no se diga que ver leones es difícil; lo difícil es que no estén durmiendo achicharrados al sol. Aquí está con su melena imponente Scarf tumbado y jadeante. Tiene los ojos amarillos y unos colmillos que ya los quisiera Drácula. A su lado descansa plácidamente una leona; parece un lindo gatito durmiendo sobre sus patas delanteras y a nuestra espalda un grupo de varias leonas toma el fresco en otro arbusto. Una de ellas sale, elegante y lentamente, pasa pegada al coche que tenemos delante y creemos que una de las chicas está rezando todo lo que sabe. Atraviesa el camino para tumbarse cerca del león y la leona del otro lado, ninguno de los dos se inmuta ni por el cambio de posición de la leona ni por la presencia de los coches.

Sami (así he bautizado a la gatita) nos deleita con una sesión de spa. Primero se limpia las patotas; esa garra es más grande que mi cabeza. Continúa con el pechote, las patas, la panzota, el hocico… Todo lentamente de modo que vemos la lengua que es como una mopa gigante, pasando cuidadosamente por todas las partes de su cuerpo. Objetivo-Man tiene que estar flipando con las fotazas que ofrece la leona de los ojos color miel. Nosotros nos conformamos con guardarlo en nuestra memoria, porque ninguna foto puede hacer justicia a lo que ven nuestros ojos (y los prismáticos) cuando Sami termina hace la croqueta en la hierba como un gran cachorrote. Parece increíble que este felino sea tan fiero, con lo monísimo que es! Oru me dice que le tengo manía al León 🦁. Manía no, ¡es que no hace nada el tío! ¡Solo jadear y dormir! Nos alejamos de los leones con cero muertes por ahora.

Hoy estamos recorriendo el camino hacia el norte, se nota que es una ruta menos concurrida por turistas ya que nos habremos cruzado con apenas 30 coches. Contra todo pronóstico Julias es un buen conocedor de los animalejos en general y recorrer estos caminos solitarios nos da la oportunidad de ver a los elefantes arrancando árboles y casi al alcance de la mano; gallinas de guinea, pájaros patizambos a los que he bautizado como los pájaros Vedette (secretarios) por su tocado, un montón de avestruces, antílopes de roca… ¡un mix de especies vaya!

Después de hacerle una visita a los monísimos antílopes de roca que tienen unas orejas como de mariposa, nos acercamos a una roca. Así tipo El Rey León cuando Mufasa presenta a Simba. Allí descansa una única leona que nos mira con desgana y continúa con su siesta. No vemos más leonas alrededor y cuando procedemos a dar la vuelta nuestro coche se atasca en una rocas. No podemos salir y Julias pone cara de “Oh, Oh”.

«No matata» nos dice, pero el coche no responde. Julias tiene que salir del coche a activar no sé qué del 4×4 pero allí hay una señora Leona que ahora si muestra interés por nosotros y que ha cambiado su postura por una menos cómoda y más atenta a los movimientos de Julias. 

Nuestro guía sale agachado por el lado contrario hace su magia y vuelve al coche esperando que éste responda, no lo hace. 

Oru y yo estamos en apnea; Julias vuelve a salir esta vez hacia la rueda trasera. Nada cambia y no hay coches cerca. 

Por lo visto los rangers no están para este tipo de cosas (como salvar vidas humanas) sino para asegurarse de que los coches no se salen de los caminos y la seguridad del parque como tal. Tenemos que esperar a que aparezca otro coche y haga de parapeto entre la leona y nuestro coche para que Julias pueda hacer su magia en las ruedas que miran hacían la leona.

No hay coches, así que comemos dentro del coche mientras vivimos (al menos por ahora) la experiencia Tanzana. Yo por mi parte doy ya por perdido a Julias y pienso en a quien llamaremos si nos quedamos Oru y yo junto a las tripas desparramadas de Julias… Estoy pensando en las veces que he llamado al 112 en España y me ha parecido que trabajaban monos sordos estupidos que no conocen la preocupación del que está al otro lado del teléfono. Considero que soy una persona templada en situaciones de riesgo pero hablar con el 112 me parece una prueba de fuego para la mente más fría. 

Al rato aparece un coche y hace de parapeto. La leona mira ya directamente hacia nuestro lado con todo su cuerpo. Ayer la vimos cazar, así que sabemos que si quiere en dos saltos estará en nuestro coche. 

Esto tampoco funciona y el otro coche ha de irse a un lugar apartado para poner el sistema de remolque y que pueda hacerse sin montar follón y sin bajar una vez más del coche. 

Seguimos esperanzados, creemos que no vamos a morir devorados por la leona, pero tampoco nos inspira mucha confianza.

Quince minutos después regresa el coche listo para sacarnos del atolladero. Empieza a empujarnos y al poco nos han sacado del agujerito y podemos cantar para soltar el miedo. Nos despedimos sin pena de la leona y seguimos nuestro rumbo. ¡Viva Julias!

Entre jirafas, impalas, elefantes y leones seguimos nuestro camino hasta llegar a un pequeño recodo en el que descansan 14 leones… ¡ole nosotros! Todos duermen y nos ignoran, solo se apartan las moscas con las orejas o con las patotas. Las entiendo; hoy hay tropecientas moscas tse-tse y estamos fritos. La mosca Tse-tsé es igual de pesada que una mosca normal pero te pica y duele. Hoy me han picado dos, los mocos ya los traía desde por la mañana y parece que sobreviviré a esto también.

Distinguimos dos leones jóvenes y vemos dormir plácidamente a las “Nalas” que los acompañan. Después de verlos dormir y hacer la croqueta durante un buen rato nos vamos, según se pone el coche en marcha los machos se levantan y varias leonas hacen lo propio. Yo ya he tenido bastantes sustos por hoy… 😎

La manada de búfalos que encontramos a la vuelta es enorme y están dándose un baño de lodo que deben de considerar refrescante. Los búfalos son como inspectores de hacienda, cabreados, con bigote y nos miran con mala leche.

Llevamos a nuestro campamento y nos vamos a tomar una cervecita, que nos lo hemos ganado 😅. Cuando la chica nos trae las cervezas nos pregunta si ayer por la noche no oímos el león que estaba en el campamento. No ganamos para sustos ¡joder! Por lo visto ayer a las 4 a.m un león enorme se dió una vueltecita por nuestro campamento… 😳

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