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Tanzania (2025)

Día 2. Aldea masái bajo el Kilimanjaro.

Después de unas 5 horas de sueño las cosas se ven con otra perspectiva… Estamos en el Osiligilai Maasai Lodge, en la falda del Kilimanjaro.

El sol, a pesar de las nubes, pica y no se ve más montaña que el propio Kilimanjaro que se extiende por el lateral decenas de kilómetros. Algún monte pequeño abajo parece la antesala a la montaña.
El silencio es abrumador. Se oye el viento soplar y unos pájaros azul eléctrico como gorriones que están por todos lados piando de acá para allá. La bandera Maasai roja y blanca ondea junto a las cabañas que sirven de alojamiento llamadas «inoti» circulares y de barro pero modernas y cómodas en su interior.

En breve comeremos para después hacer una ruta a pie por los alrededores y descubrir un poco del mundo Maasai que esperamos no sea un espectáculo para turistas. Al menos aquí, por el momento, no sea ve así.

Terminamos nuestro primer día bastante completo visitando una aldea Maasai. Más bien un hotel masái.

Después de nuestra llegada a las 6 y una vez recuperados tras un buen desayuno y un descanso de unas cuantas horas en una cama dura que nos ha sentado como dios, no hemos parado de hacer cosillas. El hotel es un conjunto de cabañas típicas de los masáis reconvertidas en bungalows para occidentales. El sitio, a pesar de todo, es bastante auténtico. Al menos no tienes la sensación de estar en un decorado. El estar en mitad de la nada, a 5 kilómetros de la aldea más cercana, ayuda.

Después de comer hemos ido a dar una vuelta por los alrededores acompañados de Joseph, un guía masái cristiano. Nos ha llamado la atención que el 90% sean cristianos y el 10% musulmanes. Sobre todo porque pensábamos que era al revés. Pero nos ha llamado más saber que sus costumbres hacen que, cada 7 años haya un «festival de la circuncisión» pero no para bebés ¡sino para mayores de 18 años! Se reúnen bajo una acacia que crece sobre una roca en mitad de la sábana y le llaman treerock obviamente en la lengua masái. Por lo visto dependiendo de donde se ubica la tribu los masáis tienen tres “dioses”: la montaña, la lluvia o el treerock donde se reúnen para cortar prepucios cada siete años a los mayores de 18. Si te pilla con 17, pues circuncisión con 24. Yo no lo veo…

Nos ha enseñado un montón de plantas y supuestos remedios naturales que van desde aplicar aloe vera en las heridas, a hacer licor de aloe (que está prohibido de lo fuerte que es) a quemar mierda de elefante para inhalar el humo contra el dolor de cabeza.

Yo no lo veo.

De regreso hemos visto una planta que sisea con el viento porque sus frutos, una especie de ciruelas pequeñas y duras, tienen agujeros por donde entra el aire y hace que emita el ruido. Esos agujeros los hacen las hormigas que viven en las frutas y ayudan a proteger el árbol de los depredadores herbívoros mordiéndoles. Dos especies muy diferentes ayudándose.

Después de la ruta teníamos concurso de la lanzamiento de lanzas. Después de ver a los masajes, bailando antes de comenzar a lanzar las lanzas, tres suizos otros dos españoles y nosotros lo hemos intentado con el maravilloso resultado de lanzas cableadas 0, león de madera 10. Malamente.

Tras comprobar que no éramos competencia alguna para ellos y yo creo que avergonzados de los guiris tan malos que les habían llevado hoy, nos han obsequiado con una danza de más de media hora sin parar de saltar a la puesta del sol a espaldas del Kilimanjaro donde algunas más que otros se han animado a participar.

Desde luego no nos hemos aburrido y ha sido un buen primer día de adaptación antes de comenzar el safari camino del Serengeti.

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